Marzo 2017
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el peso
Editorial
 
 
 

Gente que sabe hacer dinero

[SEPA] Cuando sobrevino la crisis del 2008 en los Estados Unidos, entre tantas teorías y explicaciones que los “especialistas” esgrimieron para justificar la injustificable y masiva transferencia de dinero que el gobierno de Barack Obama impulsó para salvar al sistema bancario (700.000.000 millones de dólares), hubo una que describió de manera brillante y sencilla lo que realmente había acontecido: “una masiva y exponencial transferencia de dinero de gente que no sabe hacer dinero, hacia gente que sí sabe hacer dinero.”

La crisis había sorprendido a los ciudadanos estadounidenses que no vivían una situación tan apremiante desde la década de ’30 del siglo XX. De haber ocurrido en Argentina esta crisis no hubiera sorprendido tanto, dado que los argentinos tienen mucho más experiencia en estas masivas transferencias que pauperizan al grueso de la población (que en general no sabe hacer dinero) y que enriquecen a una minoría (que sí sabe hacer dinero).

Para no remontarnos a la referida década del 30 que también golpeó severamente a la población local, resulta útil recordar cuáles son los síntomas que preceden a esas masivas transferencias en la historia reciente de Argentina; o para decirlo de otra manera qué signos o señales se manifiestan en la economía y en la política y que deberían poner en alerta, tanto a los argentinos como a quienes tengan algún interés en estudiar estos procesos que se han replicado con llamativa similitud en diferentes lugares del mundo.

La idea no es hablar de responsabilidades, es harto conocido quienes son los responsables de estas estafas masivas tanto en el orden mundial como en el orden local de cada país. Incluso se conoce cuáles son los nombres propios de los políticos y sus equipos económicos, de los presuntos empresarios que los apoyan, de los periodistas supuestamente “especializados” que difunden pseudo-teorías económicas, etc.; década tras década los responsables del permanente despojo de los recursos de las naciones emergentes (y ahora también de muchas que hasta hace poco considerábamos desarrolladas) son siempre los mismos. Resulta más útil identificar algunos indicios que alerten de lo que puede ocurrir y para ello es muy útil realizar un breve estudio comparativo del micro clima económico previo, cuyas características son llamativamente comunes antes de una debacle.

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Deuda
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Corralito
Corralito

Mauricio Macri
Mauricio Macri

En este contexto podemos recodar, por ejemplo, que antes de la crisis argentina de 1989 el Déficit Fiscal había alcanzado un porcentaje del 7,5% del PBI y la deuda externa había superado los 64.000 millones de dólares (al final del gobierno del primer presidente de la democracia, el Dr. Raúl Alfonsín). En ese momento esta relación negativa, acumulativa y progresiva entre un creciente déficit y un decreciente PBI, proyectaba un pasivo global equivalente al 110% del PBI.

Esto significaba que otorgar más crédito (endeudamiento), no era apetecible para los organismos financieros y bancos internacionales, dada la imposibilidad que tenía el país de afrontar los servicios de una nueva deuda; ya que la existente había fagocitado y esterilizado la capacidad productiva argentina de años anteriores ahogando a la democracia incipiente del Presidente Alfonsín, que cometió el error estratégico (o no pudo o no supo evitarlo), de aceptar el dogma de reconocer el endeudamiento ilegítimo contraído por el proceso militar. Recordemos que al asumir -en diciembre de 1983-, la deuda dejada por la dictadura militar fue de 44.000 millones de dólares y Alfonsín, al reconocerla y luego no poder pagarla la dejó en los 64.000 millones de dólares que recibió el segundo presidente de la democracia, el Dr. Carlos Saúl Menem.

El gobierno del Presidente Menem, recurrió inicialmente a la emisión sin respaldo y la situación social ya insostenible por la inflación, la desocupación, el cierre de fábricas y negocios, las protestas de la población, la cesación de pagos interna y externa, etc., se agudizó. A ello se sumaba la necesidad de afrontar pagos de la deuda externa, lo que finalmente provocó que Menem confiscara los depósitos bancarios de la población; lo que instrumentó por decreto en diciembre de 1989 en el marco de un plan al que llamaron Bonex (en relación a los bonos que sustituyeron al dinero confiscado, que ahorristas tenían depositados en Bancos y que prometía devolverlos 10 años después).

Es importante reiterar que lo que estaba ocurriendo no fue casual ni surgió por generación espontánea, sino que había sido incubado en la dictadura militar y estalló al final del primer gobierno democrático de Raúl Alfonsín quien se vio obligado a entregar anticipadamente el poder al segundo presidente electo de la democracia argentina, Carlos Saúl Menem. Éste último, antes que buscar una solución soberana, no sólo reconoció la deuda ilegítima sino que privatizó la enorme riqueza que quedaba (concesionó gracialmente los enormes recursos naturales del estado, empresas púbicas -YPF, YCF, Aerolíneas, etc.-) a cambio de un re-financiamiento usurario de la deuda, de más endeudamiento y de la apertura indiscriminada de las importaciones, que le permitió maquillar la crisis por unos pocos años.

Su programa económico, dispuso la convertibilidad del peso al dólar en una paridad 1 a 1 y la sujeción del país a un plan económico que resignaba jurisdicción política y monetaria y desmantelaba el aparato productivo a cambio de una artificial estabilidad solventada con más endeudamiento. Ello pulverizó el trabajo argentino y orientó el resultado del esfuerzo económico de todo un país a pagar los intereses de una vieja deuda externa reciclada, contraída ilegalmente por la dictadura militar (1976-1883) y que finalmente -al cabo de 10- años terminó más que duplicada (superando los 144.000 millones de dólares), herencia que recibió el tercer presidente de la democracia el Dr. Fernando de la Rúa.

El Presidente De la Rúa, no cambió el plan económico y ni siquiera al equipo económico, cuyo buque insignia siguió siendo el controvertido economista Domingo Felipe Cavallo, ex funcionario de la dictadura militar quien amparado por la misma había transferido al Estado una enorme deuda privada de empresarios argentinos (entre ellos el padre del actual Presidente). La deuda externa siguió creciendo y en los umbrales del siglo XXI, para ser más preciso a finales del año 2001, superó los 170.000 millones de dólares, el déficit fiscal llegó al 7% del PBI y el porcentaje de endeudamiento llegó a ser equivalente a un 51% del PBI. El problema, al igual que en 1989, fue que la coexistencia de estas variables (déficit fiscal, endeudamiento y paralización económica), conjuntamente con vencimientos cercanos de la deuda externa que el país debía afrontar en ese año para no entrar de cesación de pagos; hacía imposible una nueva refinanciación de ese pasivo ilegítimo a menos que las nuevas condiciones fueren en la práctica, leoninas; que fue lo que finalmente ocurrió.

Muchos argentinos todavía recuerdan al entonces Presidente Fernando de la Rúa a finales del 2001, afirmando en una cadena televisiva “lo lindo que era dar buenas noticias”, las que consistían en la adscripción a un plan de refinanciación y nuevo endeudamiento impuesto por los organismos financieros internacionales que el gobierno llamó “Megacanje” (canje de deuda vencida por deuda a vencer). Esta suerte de refinanciación obligó al gobierno de la Alianza a realizar un nuevo ajuste, el que terminó resultando insostenible para la población, al punto que derivó en una nueva confiscación de depósitos (mucho más agresiva que la anterior), lo que se tradujo en una reacción popular masiva de las clases baja y media, que fue sofocada brutalmente con 30 muertos en Plaza de Mayo y otros más en otras ciudades del país; hecho que precipitó la renuncia del Presidente De la Rúa.

El Congreso designó varios presidentes provisionales que duraron pocos días hasta que finalmente, los diferentes bloques acordaron la designación provisional del Dr. Eduardo Duhalde, que gobernó poco más de año y medio hasta que las elecciones de 2003 consagraron al Dr. Néstor Kirchner como el cuarto Presidente electo popularmente de la democracia, quien surgió por ballotage, habiendo sacado la segunda minoría (un 20%) ante la defección de quien había sacado la primera minoría con un poco más de votos, el Dr. Carlos Saúl Menem (un 22%).

La gestión de Duhalde se caracterizó por aplicar una política de emergencia diseñada por su Ministro de Economía, el economista Roberto Lavagna, quien fue confirmado en su cargo luego por el presidente electo Néstor Kirchner ocupando esa cartera hasta el año 2005. Su gestión se caracterizó por la adopción de medidas de contención social y de protección de la economía, lo que impulsó un crecimiento económico único en la historia argentina alcanzando el PBI una tasa de crecimiento interanual de un 8% (casi niveles chinos), a ello se sumó la histórica decisión de reabrir los juicios a los responsables de crímenes aberrantes ocurridos durante la dictadura militar.

Por primera vez en muchos años el crecimiento fue acompañado con superávit fiscal, balanza comercial positiva, elevado nivel de reservas y una importante distribución económica. También Kirchner inició una exitosa política de des-endeudamiento renegociando con el 93% de los acreedores una sustancial quita en la deuda y sobre todo con una financiación razonablemente proporcional a los recursos disponibles. Ello posibilitó que los recursos nacionales se orientaran a la recuperación económica. Finalizó su gobierno con una aceptación popular superior al 80%, pero declinó (por razones de salud) la re-elección presentándose en su lugar su esposa la Dra. Cristina Fernández como candidata oficialista, la que se convirtió en la quinta presidente electa de la democracia.

El gobierno de la Presidente Cristina Fernández, mantuvo inicialmente los índices de crecimiento heredados del período anterior, pero su política fue más radical acentuando el enfrentamiento con algunos sectores de la economía (el campo, sectores de clase media, la prensa, etc.). El final del primer mandato estuvo signado por la muerte de Néstor Kirchner, hecho que derivó en su re-elección por un segundo mandato. Si bien su segundo gobierno tuvo aspectos positivos, tales como la recuperación de la inversión educativa (el porcentaje más alto de la historia argentina), de las iniciativas estratégicas que habían sido abandonadas hacía ya décadas y numerosas leyes de contenido progresista, la situación económica no le fue tan propicia salvo el nivel de desendeudamiento que llevo el pasivo a implicar apenas un 33% del PBI, siendo uno de los muy pocos países que han bajado la deuda por debajo del 50% del PBI (fuente: Cronista Comercial-Informe McKinsey Global Institute)

Otros indicadores ya no fueron tan positivos, se desaceleró la economía, se niveló el superávit fiscal, la balanza comercial comenzó a ser ligeramente negativa, el nivel de reservas cayó a 18.000 millones de dólares y comenzaron a visibilizarse numerosos hechos de corrupción. Sin embargo el nivel de popularidad de la Presidenta Cristina Fernández se mantuvo alto al finalizar su mandato (aunque combinado también con un alto grado de rechazo); perdiendo las elecciones su candidato oficialista (Daniel Scioli) por menos de dos puntos frente a Mauricio Macri quien se convirtió en el sexto candidato elegido por voto popular.

El inicio del mandato de sexto presidente tuvo sesgos negativos heredados de la anterior gestión, sin embargo la herencia recibida” por la actual gestión no puede compararse con la que recibieron otros presidentes como Alfonsín, Menem, Duhalde o Kirchner al inicio de sus mandatos (siendo la situación inicial de Duhalde, la peor de todas desde el punto de vista económico).

Sobre todo si se tiene en cuenta que muchos economistas sostienen que sus propias decisiones han agudizado los problemas heredados a niveles que parecen -hoy en día- casi insostenibles.

Cabe preguntarse entonces:

¿Qué punto de contacto tienen las crisis de 1989 y 2001, con la actual situación a un año de gestión del Presidente Macri?

En primer lugar la deuda externa y el déficit del gobierno del Mauricio Macri son iguales o peores a los vigentes en 1983, 1989 y 2001 y mucho peor que el del peor período del Kirchnerismo (segundo gobierno de Cristina Kirchner).

El déficit fiscal actual (7,8%) ha superado al de 1989 (que alcanzó un 7,5% del PBI), ha superado a la peor etapa del kirchnerismo (que llegó al 6%) y al del año 2001 (que fue del 7%); sin que pueda el actual Presidente desentenderse de haber desfinanciado al Estado de manera imprudente, con las liberaciones de las retenciones al campo y a la minería, habiendo por otro lado aumentado la presión fiscal a los sectores medios (a pesar de la fallida baja del impuesto a las ganancias), lo que a su vez retrajo la demanda comercial con la consecuente disminución de la recaudación real y un descenso del PBI.

Desaprovechando haber recibido un estado desendeudado, agregó a la deuda externa en poco más de un año la friolera de 50.000 millones de dólares alcanzando un porcentaje respecto del PBI aún mayor que en el año 2001 al implicar un 51,8% del PBI. Por otro lado la velocidad de endeudamiento superó al récord que ostentaba la dictadura militar que tardó 7 años en elevar la deuda dejada por el gobierno de María Estela Martínez de Perón (que era de 7.000 millones de dólares) hasta dejarla en 40.000 millones de dólares (incluida la publificación ilegal de la deuda privada).

La dictadura endeudó al país en 7 años con 33.000 millones de dólares y Mauricio Macri en poco más de un año por 50.000 millones de dólares (y a tasas usurarias), con una proyección escalofriante para los próximos meses. Además, Mauricio Macri contrajo deuda para pagar deuda ilegal (la de los fondos buitres, que además hizo ganar a los operadores puestos por el presidente, enormes comisiones) y lo peor de todo: para pagar gastos corrientes que no puede afrontar por haber desfinanciado al estado (lo que es insustentable desde el punto de vista económico), permitiendo por último el endeudamiento de las Provincias.

Como consecuencia de ello, el total de la deuda pública ya supera las reservas del Banco Central y el gobierno debe afrontar este año el pago de más de 16.000 millones de dólares. ¿Qué panorama ofrece esta situación?, tomar más deuda para pagar deuda (habrá que ver si alguien se arriesga a prestar a una administración inviable), la confiscación de depósitos de ahorristas o simplemente de trabajadores bancarizados (algo que ya ocurrió en 1989 y en 2001) o el default (que también ya ocurrió).

Otra secuela de sus decisiones desacertadas es la recesión económica y el aumento de la desocupación, tanto por despidos realizados en el sector público bajo el pretexto que se trataba de “ñoquis” que habían sido designados en el gobierno anterior; como en el sector privado como consecuencia del cierre masivo de negocios y fábricas (ya son más de 1.500.000 los despidos oficialmente reconocidos a los que deben agregarse millones de trabajadores que han pasado a precarizarse bajo el empleo en negro). Se agudizó esta tendencia negativa con la “apertura económica indiscriminada” implementada, que ha hecho estragos en las provincias limítrofes como Mendoza (que votó mayoritariamente al macrismo), las demás cuyanas y sureñas y en las del norte.

Sin embargo las medidas recesivas no han producido ni siquiera los efectos “positivos” que suelen producir cuando se implementan (por ejemplo una relativa estabilidad), sino que por el contario han aumentado la inflación combinada con estancamiento económico (que muchos economistas denominan “estanflación”).

Otro aspecto de las políticas implementadas es que han generado una deuda social importante al llevar de un plumazo a millones de argentinos al límite de la pobreza al disminuir su poder adquisitivo (entre otras medidas por haber permitido una escalada tarifaria sin precedentes, indiscriminada y ciega en los servicios públicos, sin estudiar detalladamente las reales ecuaciones de gastos y beneficios de las empresas beneficiadas, ni su comportamiento fiscal ni comercial, ni la calidad de los servicios que han prestado o prestan en la actualidad)

El gobierno de Mauricio Macri sigue hablando de la herencia recibida, que en lo que a macro-economía se refiere y según los dichos del propio ex funcionario macrista Alfonso Prat Gay, dejó un país desendeudado y una gran oportunidad para tomar deuda externa junto a un nivel de reservas por 18.000 millones de dólares (que es mayor a los actuales 50.000 millones comprometidos en deuda tomada de los cuales 16.000 millones están pronto a vencer y en afrontar un déficit fiscal de este año, mucho mayor que el recibido). El actual presidente lejos estuvo de recibir un país como el que recibió Néstor Kirchner, el propio Carlos Menem o incluso Raúl Alfonsín. Aun concediéndole que recibió una economía desacelerada, inflación y déficit fiscal, sus medidas no hicieron más que empeorar los índices desfavorables existentes en el momento de su asunción, llevando al país al borde de la cesación de pagos.

El gobierno de Mauricio Macri utiliza la corrupción de funcionarios corruptos del anterior gobierno como el ex secretario José López y los bolsos que intentaba esconder en un convento que contenían 9 millones de dólares, de las concesiones cuestionadas al empresario Lázaro Báez (actos todos que merecen repudio absoluto); de la dudosa causa del dólar futuro y el proceso a Cristina Kirchner, etc.; pero ignora graves acusaciones en su contra como la que ha surgido sobre sus empresas fantasmas de Panamá que se destaparon por los escándalos internacionales por lavado de dinero negro, el escándalo del correo con el que intentó beneficiar a su padre con 4000 millones de pesos, las concesiones aceleradas en tiempo récord y por cifras exponenciales a su amigo íntimo Nicolás Caputo que hacen empalidecer a los negocios que acusan a Báez; los negocios multimillonarios sin explicación de su primo Ángelo Calcaterra, de las comisiones por el pago a los fondos buitres (escándalo en ciernes), de las presuntas auto-concesiones a la empresa aérea Avianca, de los sobres con dinero encontrados a la Sra. Vicepresidenta Gabriela Micheti, del escándalo Odebrecht en Brasil que salpicaron a un funcionario suyo de la SIDE, etc., etc., etc… Todo ello ha pulverizado el ideal republicano que pretendió representar.

Por otro lado, la población en general está percibiendo una gran distancia del Presidente Macri con la realidad social que él mismo ha contribuido a generar, al punto que parece ignorar cuánto gana un jubilado como lo evidenció en la entrevista (o almuerzo) que ofreció en el programa televisivo de la conductora Mirtha Legrand (a la que no puede sindicarse de kirchnerista). Ignora también cuántas fábricas se cierran en un día, cuanta gente pierde trabajo, cuantos pobres hay en la argentina, cuánto ha aumentado la inseguridad, cuántos desaparecidos hubo en la última dictadura militar y en definitiva al parecer también ignora cómo se puede gobernar.

Sin embargo, algunas personas muy cercanas a su entorno se han beneficiado con sus decisiones (lo que, por desgracia, no sería algo demasiado original en la política); lo que ha llevado a mucha gente a pensar que el Presidente no ignora cómo se puede hacer dinero; ya que sus decisiones han facilitado con medidas rápidas y eficientes la concreción de “una exponencial transferencia de dinero de gente que no sabe hacer dinero (la mayoría de la población argentina), hacia gente que sí sabe hacer dinero.”

 

 

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