Febrero 2017
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el peso
 
 
 

¿Porqué se Difama al CONICET?

Respuestas desde el ámbito académico en defensa de las Humanidades y Ciencias Sociales

[CTyS] En las últimas semanas, distintos medios y redes sociales fueron eco las críticas y cuestionamientos a investigaciones de Ciencias Sociales y Humanidades surgidas desde el CONICET que tenían como objeto de estudio temas como películas infantiles, letras de canciones, procesos socio-históricos o figuras políticas (Karl Marx, Juan Domingo Perón, Néstor Kirchner, etc.). Cientistas sociales brindan sus perspectivas sobre esas críticas y defienden la importancia que sus disciplinas tienen para la sociedad. La doctora en Derecho Laura Saldivia, además, analiza el rol de la mujer en la ciencia y el impacto desigual que la política de reducción tiene sobre las mujeres.

Ezequiel Adamovsky (Investigador independiente del CONICET en el Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani” (CONICET-UBA): Las disciplinas sociales y humanísticas son centrales en la vida nacional. Generan datos básicos para entender qué está pasando (como los índices que miden la pobreza) y discusiones acerca de cómo mejorarlos. Por otra parte, aportan miradas críticas sobre las diversas formas de opresión, sobre las maneras en las que se organiza la violencia institucional, sobre los sesgos que vuelven injustas o ineficaces a las leyes, sobre las maneras de mejorar la representación política, sobre los modos en los que la cultura popular y la masiva transmiten visiones y estereotipos negativos sobre diversos grupos sociales, etc.

Luego de la polémica por investigaciones del CONICET centradas en letras de Ricardo Arjona, la revista Billiken o el peronismo, científicos e investigadores defienden y debaten sobre la importancia de las ciencias humanísticas, el aporte que realizan a la sociedad y el rol de la mujer en la ciencia.

La historia genera saberes sobre el pasado que alimentan los debates presentes sobre la identidad nacional y sobre el desarrollo futuro; la literatura y la antropología también contribuyen a nuestra comprensión de las formas de identidad y del funcionamiento de los vínculos entre las personas. Las aplicaciones son esas y muchas otras.

Todas estas disciplinas, además, aportan conceptos centrales para organizar los debates políticos, incluyendo algunos de los que utiliza el público general. Por ejemplo “populismo”, muy usado hoy, se difundió a partir de debates entre sociólogos y cientistas políticos. El término “clientelismo” se difundió en la Argentina a partir de investigaciones de antropólogos y de sociólogos como Javier Auyero.

A quienes no conocen cómo funciona la investigación en nuestras áreas puede parecer que las investigaciones de base que realizamos son irrelevantes. A alguien podría parecerle que estudiar las historietas de Fontanarrosa es una estupidez. Sin embargo, fue estudiándolas como Néstor García Canclini desarrolló sus ideas sobre la “hibridación cultural”, que hoy son estudiadas en universidades de todo el mundo.

Otro ejemplo: en estos días se difamó al CONICET porque una investigadora se dedica a estudiar la revista Billiken. Sin embargo, es un tema bastante importante porque, por ejemplo, permite entender cómo fueron cambiando a través del tiempo los modos en que pensamos como sociedad la niñez y, en base a eso, cómo encaramos cuestiones como la vida familiar o la educación. Billiken es la revista infantil más longeva del mundo. Es tan relevante que el AHRC (el CONICET británico) está actualmente financiando a una investigadora inglesa para que estudie justamente la revista Billiken.

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Ciencias Sociales
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Disciplina Académica
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Antonio Mangione (Docente de la Facultad de Ciencias Humanas, de la Universidad Nacional de San Luis): Las Ciencias Sociales abordan problemáticas de relaciones humanas, entre seres humanos y entres seres humanos y otros objetos, eventos y otros seres. Las Ciencias Sociales son ciencias de vínculos. Todo país debe desarrollar las ciencias sociales. Es una forma de entenderse, de conocerse, es una forma de lograr identidad. De conocer como pensamos, como surgen los movimientos culturales, si los fenómenos políticos son locales, regionales o globales. Las ciencia sociales al igual que otras ciencias generan oportunidades de construir soberanía, solo que lo hacen a partir de construir y consolidar además su propia identidad. Las ciencias sociales nos permiten pensarnos.

Sebastián Pereyra Doctor en Sociología por la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS-París). Investigador asistente del CONICET y docente en el IDAES-UNSAM: La pregunta por la utilidad de las ciencias sociales encierra una trampa. Esa pregunta se formula estableciendo una comparación implícita con las ciencias naturales y con la dimensión de aplicación tecnológica que es intrínseca a dichas disciplinas. No obstante, lo propio de las ciencias sociales no es la técnica sino, por el contrario, la crítica y la reflexividad.

Las ciencias sociales pueden y han podido ofrecer herramientas para intervenir en distintas áreas de la vida social (diseño de políticas o de instituciones sociales). Podemos observar en la historia de la política laboral o la política social y ver que están indisociablemente ligadas al estudio de la cuestión social o los problemas sociales o, en el diseño de los modernos sistemas electorales, las estadísticas públicas, por citar sólo ejemplos muy evidentes. Sin embargo, los verdaderos aportes de las ciencias sociales a nuestro modo de vida se producen por otras vías y de acuerdo a otra lógica.

Sin las ciencias sociales no estaríamos en condiciones de hablar del poder o la dominación; no podríamos entender cómo afectan a nuestra vida las desigualdades de clase o de género; no estaríamos en condiciones de hablar de funcionalidad y desviación o saber la importancia de los roles, las elites, los estigmas; cuál es la importancia y los desafíos que nos plantea el problema de la integración social y los múltiples efectos de la exclusión. Las ciencias sociales no pueden, ni deben, pensar su utilidad únicamente apelando a la metáfora de la ingeniería social. Su lugar y su importancia van más allá y más acá de las expectativas que esa metáfora lleva implícita. En ellas descansa la posibilidad de ampliar nuestra mirada sobre nuestros modos de vida en común y, fundamentalmente, mantener viva nuestra búsqueda de horizontes para mejorarla.

Laura Saldivia: (Doctora en Derecho de la Universidad de Yale. Docente de la UNLaM, de la Universidad Nacional de General Sarmiento y de la Universidad de Palermo): A principios de diciembre el Ministro de la cartera de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Lino Barañao, anunció un recorte del 60% del ingreso de científicos al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Este organismo cuenta con 9.200 investigadores y 10.000 becarios. De este modo, la efectivización del recorte propuesto implicaría dejar sin trabajo a 500 investigadores. A este contexto cabe agregar que en el presupuesto nacional aprobado por el Congreso para 2017, Ciencia y Técnica sufrió una disminución del 18% respecto del presupuesto para el año anterior.

Estas medidas provocaron en la comunidad científica argentina una importante movilización con el correlativo cuestionamiento de las consecuencias que se siguen de dichos recortes, cuestionamiento apenas descomprimido por un acuerdo firmado entre las autoridades del Ministerio y los manifestantes que ocuparon el playón del Polo Científico y Tecnológico para hacer oír reclamos en contra de la política restrictiva en el área de ciencia y tecnología.

Por supuesto, la reducción del presupuesto e investigadores en ciencia y tecnología discurre principalmente por distintas miradas políticas respecto del crecimiento futuro del sistema científico y su vinculación con una sociedad más igualitaria. En esta nota quiero destacar un tema que ha sido en gran medida soslayado en esta discusión: el impacto desigual que la política de reducción tiene sobre las mujeres.

Tal como indica Carolina Spataro en su nota “Platos Sucios” (Suplemento Las 12, 4/11/2016), en la Argentina seis de cada diez becarios del Conicet son mujeres (60 por ciento de los 11.444 becarios del Conicet son mujeres). Entre los años 2003 y 2014 las investigadoras aumentaron un 171 por ciento, lo que implica un avance destacado para el impulso del desarrollo nacional con inclusión de género. Por su parte, respecto de la carrera de investigador del Conicet el 53 por ciento de los 9.668 integrantes son científicas.

El recorte proyectado en CyT sin dudas afectará a las mujeres investigadoras ya que ingresarán menos mujeres al sistema de investigación y en consecuencia, a la investigación en materia de género. Todo esto también impacta de manera negativa en la protección de los derechos de las mujeres ya que toda elaboración de política pública seria en materia de género requiere de la investigación científica previa en dicho campo. Este impacto negativo respecto de la presencia de mujeres investigadoras y en lo que respecta al objeto de su producción, retrasaría importantes avances que en los últimos años se produjeron en CyT y género. Finalmente, a todo esto cabe agregar otro dato desalentador: ninguna autoridad jerárquica del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva es mujer.

Guillermo Folguera (Doctor en Ciencias Biológicas y Licenciado en Filosofía): En los últimos días, en plena toma del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (Mincyt) en manos de diferentes actores sociales cercanos a CONICET, se inició una campaña en diferentes redes sociales. Dicha campaña tiene como objetivo principal ridiculizar algunas investigaciones de las ciencias sociales y las humanidades realizadas por investigadores/as de CONICET. En este manuscrito pretendo realizar algunos aportes al respecto, no sólo con vistas a comprender mejor lo ocurrido, sino también para poder sacar provecho de este tipo de escenario y mejorar entonces nuestra actividad académica. Para ello, utilizaré como material de análisis “Las 20 peores investigaciones científicas del Conicet” y marcaré cinco elementos respecto a los ataques que considero fundamentales.

1. Un único ataque, un único objetivo. Este texto debe inevitablemente comenzar por aquí. El primer movimiento debe ser una defensa frente a lo que es en efecto un burdo ataque, a los fines de meramente justificar recortes presupuestarios, precarización laboral y expulsión de trabajadores. Numerosas evidencias -tipos, momentos y actores que intervinieron- muestran que se trata de una campaña orquestada, posiblemente desde el gobierno nacional para buscar deslegitimar las investigaciones de una institución como CONICET y así buscar consenso social acerca de la disminución de su tasa de crecimiento. Esta campaña cuenta además, como suele ocurrir, con el apoyo de los grandes medios de comunicación que actuaron como amplificadores. Pero busquemos decir algo más, tratemos de avanzar con lo ocurrido.

2. El tipo de ataque, matriz positivista. Las características del ataque evidenciaron una estrategia. La misma consiste en que son las ciencias humanas los principales blancos de los cuestionamientos. Así, se enumeraban interpretaciones del “Rey León”, transexuales o la historia de la izquierda nacional. La estrategia presupone que las comunidades que pueblan nuestro territorio valoran de manera distinta investigaciones que provienen de las ciencias naturales o de las ciencias exactas, que aquellas de las ciencias sociales y las humanidades. Más allá de nuestras propias valoraciones, esta estrategia acude a un imaginario positivista, en donde el saber es de un solo tipo (tanto en términos teóricos como metodológicos) y es representado de mejor manera por las ciencias naturales que por las otras. Desconozco si la percepción social coincide en efecto con la estrategia elegida. Pero sí es preciso señalar que esta matriz positivista se reconoce en las editoriales de los grandes medios de comunicación que la amplificaron, como así también coincide con la política científica desarrollada por instituciones tales como CONICET, Agencia o el propio Mincyt, más allá de la coyuntura actual. Por ejemplo, el recordado Plan 2020 generado desde el Mincyt reducía todo el saber académico a un puñado de ejes: biotecnología, nanotecnología y las tecnologías de la información y comunicación. Esta jerarquización del saber nos permite entender un poco mejor por qué las características de este ataque, aunque es preciso introducir otro elemento más: las promesas sociales.

3. Ataque, promesas sociales. Los ataques buscan mostrar la inutilidad de lo que se investiga. Presentar que los fondos del Estado son utilizados para investigaciones fútiles. No peligrosas. No fuera de moda. Sólo fútiles. Este tipo de ataque presupone que el saber científico en su conjunto debe mejorar la calidad de vida de las personas. De hecho, en muchos de los ámbitos se enfatiza la oposición con estudios acerca del cáncer, por ejemplo. Sin embargo, al indagar las características de la ciencia y la tecnología en la actualidad, es posible reconocer diversos modos de pensar diferentes, con objetivos también diversos. Uno de ellos, presenta un modo de razonar y actuar que se entiende por pragmático y busca en efecto incidir en la vida cotidiana. Claro está que los objetivos varían según los proyectos: desde buscar la cura de determinada enfermedad, generar un producto para el mercado, evitar determinada inundación, generar determinada patente, etc. El otro modo de pensar y actuar, apunta a describir el mundo tanto social como natural. Más allá del problema acerca de si hay o no posibilidad de ser objetivos, se trata de un intento por describir el mundo. Cabe señalar que una parte muy importante de la actividad científica en Argentina se enmarca en este segundo objetivo. En cambio, los ataques presuponen un predominio del primero. Pero aún más importante: en los últimos años, instituciones tales como el Mincyt y el CONICET buscaron fomentar una actividad científica con el primer tipo de racionalidad y, en particular, centrada en generar divisas. Por ello, es menester señalar que los ataques realizados encuentran eco no sólo en grandes medios y en una parte de la sociedad, sino también en muchas de las personas que toman decisiones desde las propias instituciones involucradas, acentuando el imaginario de una ciencia para hacer negocios.

4. Ataque, espíritu crítico. El ataque considera en su listado, temáticas muy diversas. Se mezclan así temas históricos, filosóficos, de percepción social, entre otros. Pero también aparecen temáticas fuertemente asociadas a actores del gobierno anterior, tal como los casos de estudios acerca de Cristina Fernandez de Kirchner y de Daniel Scioli. Ciertamente, el entendimiento de nuestro presente y nuestra historia debe ser parte de la agenda de estudio. Pero en muchos casos, el modo de aproximación a los diferentes actores y políticas ha carecido de un espíritu crítico necesario. Por supuesto, no se cuestiona aquí la existencia de afinidades que puede tener determinado investigador/a con políticas y actores sociales. Pero como académicos precisamos también la mirada aguda necesaria. Tenemos, entonces, un rol social inevitablemente complejo. Un rol que debemos hacerlo con cuidado, apertura y ternura. Evitando escenarios de simplificación o de maniqueísmo. O dicho de otro modo, debemos poder mostrar que el disenso y el cuestionamiento interno no son signos de debilidad, sino más bien todo lo contrario.

5. Entre la libertad de investigar y el reconocimiento de los problemas sociales y ambientales. Volvamos al tipo de ataque para problematizar el último tópico. La idea de que los académicos no estamos reconociendo los problemas que nos aquejan cotidianamente y nos regimos por la simple libertad de investigar, guiados por nuestro mero deseo. Ya he señalado en los ítems anteriores que una parte de las investigaciones en ciencia pueden presentar un carácter meramente descriptivo. No deseo volver sobre ello. Sin embargo, creo que en este punto nos debemos importantes debates y discusiones hacia adentro de la comunidad académica. No tanto por los temas tratados, sino por los omitidos o minimizados. Las últimas décadas en Argentina y en el globo han reconocido el avance de prácticas y lógicas que han generado un impacto notable sobre nuestras vidas. Procesos extractivistas mineros, de hidrocarburos, pesqueros, agrícolas. Avances de los negocios farmacéuticos sobre nuestra salud física y mental. Deterioro en la calidad de vida social y pérdida de autonomía de las comunidades en nuestros territorios. Desigualdades sociales crecientes y mercantilizaciones diversas. La lista, obvio, es muy larga. Y muchas de las investigaciones en efecto hoy se dirigen hacia allí. Pero, como comunidad toda, no siempre hemos comprendido la importancia de movernos hacia esas aguas profundas. Que no se malinterpreten mis palabras, no toda investigación científica debe centrarse en esos asuntos. A su vez, tampoco confundir con la discusión acerca de ciencia teórica o aplicada. Se trata más bien de reconocer que tenemos la maravillosa oportunidad que muchas de las voces, cabezas y cuerpos se involucren con esos tópicos y tantos otros. Para el lector generoso que termina el texto, cabe volver aquí a las primeras palabras, espero ahora resignificadas. El ataque sólo busca justificar recortes presupuestarios, precarización laboral y expulsión de trabajadores. Pero podemos sacar provecho del modo en que es realizado. Tenemos una buena oportunidad para involucrarnos con la política científica, para repensar la relación con la sociedad, para buscar escenarios diferentes. A pesar de los pesares, el desafío es repensar la relación de la ciencia con las problemáticas sociales y ambientales, repensarnos no ya desde la defensa contra el ataque mercenario, sino desde la búsqueda por una ciencia mejor, por un vivir mejor.

Guillermo Folguera es Doctor en Ciencias Biológicas por la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN) de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Es Licenciado en Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) y en Ciencias Biológicas de la FCEN, ambas carreras realizadas en la UBA. Actualmente se desempeña como investigador adjunto CONICET. Es profesor adjunto de la disciplina Historia de la Ciencia de la FCEN. Se especializa en filosofía de la biología, en particular las relaciones disciplinares en biología. Es co-autor, junto a la escritora y Bioquímica Paula Bombara, de Charles Darwin y la evolución (Eudeba, 2009).

Félix Acuto: (Doctor en Antropología, investigador adjunto del CONICET y docente de la UNLaM): Generalmente, cuando hablamos de ciencia y conocimiento científico, lo primero que nos viene a la mente son personas con guardapolvos haciendo observaciones detrás de microscopios (u otras tecnologías de laboratorio) o empleando complejas formulaciones matemáticas que den cuenta de manera abstracta de procesos y fenómenos que ocurren en algún rincón del mundo natural. Raramente, en el imaginario social, se suelen pensar a las ciencias sociales y las humanidades como parte del campo científico, y mucho menos se piensa en su utilidad para develar enigmas y resolver problemas.

Pero entonces, ¿cuál es el aporte de las ciencias sociales y las humanidades a la sociedad y las personas? Si bien esto merece una discusión mucho más extensa, se podría decir que son dos los principales aportes que disciplinas como las historia, sociología, ciencia política, ciencias de la educación, filosofía y antropología realizan. En primer lugar, generan un pensamiento crítico y reflexivo a través del cual podemos entender mejor el mundo que nos rodea y, así, tomar mejores decisiones. Nuestras vidas están influenciadas por el contexto socio-histórico en el que vivimos, y conocer este contexto y su dinámica, nos permite desarrollarnos como seres informados y críticos. En segundo lugar, el conocimiento que generan estas disciplinas está directamente ligado a las políticas públicas que se decidan llevar a cabo desde los estados (o al menos, debería estarlo). Desde la formación de la sociedad moderna y de los estados modernos, las decisiones se han intentado tomar en base a uno conocimiento sistemático y profundo, y no en base a la improvisación, las emociones o el sentido común. Un cambio en planes educativos no se produce por generación espontánea, sino que es producto de personas especializadas en el tema que discuten y llegan a acuerdos.

En pocas palabras, las ciencias sociales y las humanidades importan y mucho. Conocer nuestra historia y entender a nuestra sociedad, nos emancipa. Nos permite reclamar cuando nos estafan e intentar llevar adelante cambios colectivos cuando las cosas no funcionan.

 

CTyS

La agencia CTyS (Ciencia Tecnología y Sociedad). Es una Agencia especializada en temas científicos del Instituto de Medios de Comunicación de la Universidad Nacional de La Matanza.

 

 

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