Viernes 06/11/2009
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Asterix y Patoruzú: Destinos transversales

Patoruzú

[Exclusivo para SEPA] El 29 de Octubre de 1959, hace ya 50 años, emergía de la magia del pincel y de la pluma de los franceses René Goscinny y Alberto Uderzo el pequeño guerrero galo Asterix, en una desconocida revista francesa llamada “Pilote”.

Uderzo era hijo de inmigrantes italianos establecidos poco antes de su nacimiento en Francia. Por su parte, los padres de Goscinny que eran de origen polaco y ucraniano se habían radicado en Argentina en 1928. Goscinny vivió en este país entre su segundo y su vigésimo año de vida, y allí descubrió su pasión por la historieta.

Esto hizo que mucho se hablase (sobre todo en Argentina, pero no únicamente) del posible rol del indio Patoruzú como fuente de inspiración de Asterix. Se basaban en ciertas similitudes de carácter de los personajes y entre los diseños de Upa y Obelix. Los más radicales llegaron a hablar hasta de “plagio”, como lo destacó "La Nación" en un artículo publicado en el 2003.
[Ver link http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=463656].

Sin adentrarnos en tal estéril polémica, baste señalar por una parte: que la concepción gráfica de Obelix es la obra de Uderzo, no de Goscinny, y por la otra: que no es extraño que personajes de ficción se inspiren entre sí y hasta se derivan unos de otros. Similitudes son inevitables cuando sus creadores hacen intervenir componentes arquetípicos, tales como: la lucha contra el mal, la defensa clánica [tanto sobre Asterix como sobre Patoruzú pesó la acusación de chovinismo], la posesión de una  fuerza descomunal y otras facultades sobrehumanas de origen fantasista o mágico.

Pueden así establecerse analogías entre personajes tan diversos y tan antiguos como el sumerio Gilgamesch [2700 a.C.], Hércules [cuyas aventuras divertían sobremanera a los niños griegos], Aquiles, Sansón, el rey Arturo, Popeye, etc. y en ese linaje se insertan el cacique Patoruzú y los aguerridos galos, quienes por obra y gracia de la poción druídica, con Asterix y Obelix a la cabeza, resisten heroicamente la colonización romana y desafían el poderío imperial.

Pese a todo, el rasgo común más interesante de Asterix y Patoruzú no radica en el isomorfismo arquetípico sino en el “carácter anti-histórico” que ambos personajes comparten más allá de cualquier duda. En efecto, a diferencia de la inmensa mayoría de los otros héroes, cuyo marco fabulado se inscribe sin dificultades a la manera de un sueño en la historia real, Patoruzú y Asterix, encuentran su razón de ser ficcional y su campo de acción en la “historia contra-fáctica”, en la pesadilla de un universo paralelo que, una vez descorrido su velo caricatural, se muestra horrorosamente asimétrico del nuestro.

Lo que quedaba de la fratría del indio Patoruzú, los tehuelches, y sus primos-hermanos, los mapuches, fue aniquilado durante la llamada "campaña del desierto", comandada por el “prócer” tucumano Julio A. Roca.

La explícita finalidad de Roca fue "limpiar" el sur argentino de indios, erradicar una "raza estéril" para ofrendar esas tierras al "progreso", masacrando sus hombres y reduciendo sus mujeres a la servidumbre para el beneplácito de las damas de la "sociedad" porteña [¡Sic!, ver enlace http://usuarios.arnet.com.ar/yanasu/roca.htm]

El cacique Patoruzú nace apenas 50 años después de estos eventos, de la imaginación de Dante Quinterno bajo la improbable figura de un acaudalado indio-estanciero, encima ¡dueño de media Patagonia! y dotado de fuerza descomunal.

Si la imaginación del creador es por esencia irrestricta, lo llamativo es que en pocos años el cacique se transformó para muchos en el ícono de la “argentinidad virtuosa”: noble, irrefrenablemente generoso, potente. Pero su hilarante e impulsiva ingenuidad, vehiculaba también el estereotipo del "buen salvaje", tratable pero mal adaptado a una civilización urbana y europeizante, en la que como Mister Hyde, la “otra” argentinidad, mostraba su hilacha a través del personaje  del "padrino": el dudoso Isidoro Cañones, a la vez su "protector"y guía, malandrín y embaucador.

En lo que hace a la famosa aldea armoricana, su deformado reflejo en el palacio de los espejos de la realidad histórica es tan lastimoso como el de Patoruzú. El principal testigo directo, Julio César, en sus "Comentarios a la guerra de las Galias" no ahorraba comentarios desvalorizantes, describiendo a los galos como volubles, poco dignos de confianza y hasta pusilánimes.

Y si el testimonio de Julio César, en tanto que narrador de su propia gesta puede ser tildado de sospechoso, el politicólogo francés Alain Minc, intelectual muy próximo de Sarkozy, afirma que la civilización gala estaba en aquella época más alejada de la civilización romana de lo que actualmente está Burkina Faso de Silicon Valley: totalmente analfabetos, su religión se nutría con sacrificios humanos y, desconociendo las instituciones, su vida colectiva se basaba exclusivamente en relaciones de fuerza. [Alain Minc, "Une histoire de France", Grasset, 2008,Cap. I]. Cabe acotar al margen, que el capitulo pertinente del libro citado se intitula "La suerte de ser colonizado".

Pero esto tampoco impidió la “inconización” de Asterix, en cierta manera un avatar ficcional de Vercigentorix. Al igual de lo sucedido con Patoruzú y los tehuelches, la abortada resistencia del jefe galo, que concluyó con la “masacre de Alesia”, no autoriza el más mínimo paralelo con la aldea invencible de la ficción.

En su contexto caricatural, los personajes no dejan por otra parte de proponer inconfesables fantasías compensatorias. A título de ejemplo es ilustrativo el álbum titulado "Asterix en Bélgica", el último elaborado en forma conjunta por Goscinny y Uderzo, habiendo fallecido el primero en el curso de su preparación.

En el mismo se ilustra una movida  aventura en la cual "malones" de excitados belgas se turnan en el curso de una puja demencial con nuestros héroes celtas, para destruir por puro placer uno tras otro los "fortines" circundantes de los civilizados romanos.

 

Esta divertidísima escenificación de brutalidad desencadenada, trasluce sin disimulo un arquetipo con consonancias wagnerianas: el de bárbaros poetizados como bestias de rapiña quienes, parafraseando a Nietzsche, dejan tras de sí "una serie abominable de asesinatos, incendios, violaciones y torturas con igual petulancia y tranquilidad de espíritu que si lo único hecho por ellas fuera una travesura estudiantil ... la magnífica bestia rubia, sedienta de presa y de victoria...loca, absurda, repentina ... que de tanto en tanto necesita desahogarse", [Friedrich. Nietzsche, "Genealogía de la moral" [I, § 11].

Como previsible, al final de esta aventura, Julio César [el mundo civilizado], se retira a regañadientes, humillado. La increíble dimensión contra-fáctica disimulada por la parodia, se pone brutalmente de relieve si imaginamos a nuestros lejanos descendientes en el año 4009, descostillándose de risa con historietas donde los celebrados héroes no fueren otros que terroristas afganos quienes, a la vez drogados y asistidos por misteriosas fuerzas místico-religiosas, hacen saltar por los aires los puestos avanzados de combate de la OTAN. A buen entendedor...

Patoruzú, igualmente tosco pero de espíritu mucho menos gregario, sobrevive en reediciones y en los círculos selectos de nostálgicos y coleccionistas, cuya durabilidad, es cierto, se ve prolongada gracias a la emergencia de Internet. Sectores muy diferentes entre sí lo reivindicaron como ícono: voluntarios anglo-argentinos que se enrolaron como pilotos durante la segunda guerra mundial para combatir al horror nazi, habrían pintado al indio en las narices de sus aviones.

Con posterioridad fue utilizado por el infame "proceso de reorganización nacional" como mascota del mundial de Fútbol de 1978. Y en una aparición reciente, esta vez al lado de Mafalda y Clemente por la "Juventud Peronista", increpaba a los Simpson que habían osado calificar de dictador a Perón en una emisión. Pero el auténtico cacique Patoruzú acalló ya sus estridentes "huijas" y "canejos" y se adentra de más en más en el sendero sin curvas del recuerdo.

El destino de Asterix, Obelix y de los valerosos aldeanos armoricanos es en todo diferente: deberán proseguir indefinidamente, en color y trazo, su resistencia a la conquista romana. Uderzo, titular actual de los derechos sobre la saga, autorizó en efecto la continuación de la publicación de nuevos episodios para luego de su muerte.

La gesta contaría en ese futuro con el apoyo logístico y dirección atenta del gigante editorial "Hachete Livres", multinacional francesa del grupo Lagardère. Sucede que los personajes, concebidos por sus creadores originariamente sólo para Francia, se volvieron inexplicablemente planetarios: en su medio siglo de vida se vendieron 325 millones de ejemplares en todo el mundo.

¿Dónde buscar la clave del éxito? ¿En su grafismo? ¿En su marketing? ¿O en resortes más esotéricos, tales como la oferta de identidades ficcionales o la deconstrucción humorística y reprogramación de la memoria colectiva?

Quizás otra pista sea el innato reflejo humano de resistencia a la opresión, cualquiera sea el lado de donde provenga, cualquiera sea el son de los violines o la brutalidad del opresor.

En la Francia de hoy, que atraviesa una de sus más ostensibles crisis de identidad, casi al borde de una crisis institucional, el medio siglo de la saga se celebra literalmente con bombos y platillos: conciertos, eventos musicales, visitas temáticas, todas en compañía de los pequeños héroes de fantasía ocurre a lo ancho y a lo largo del Hexágono. En museo de Cluny, en el corazón de París una exposición se les consagra hasta enero del 2010.

Las aventuras de Asterix se tradujeron más de 100 lenguas contemporáneas y, colmo de la paradoja, la totalidad de sus álbumes son también regularmente traducidos y distribuidos...en latín clásico, la lengua del aborrecido imperio. ¿Para poder decir vini, vidi, vinci?

 


De un lado está Roma


Y del otro la exhuberancia


Ataque de la horda  belga a las tropas romanas,
apoyado por Obelix

 

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