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La Segunda Guerra de la Independencia

[SEPA] Imaginen los hombres y mujeres actuales de Argentina, que vivan en cualquiera de sus ciudades: Buenos Aires, Mendoza, Córdoba, Jujuy, Resistencia, Ushuaia, Tucumán, etc.; que una mañana se despiertan para iniciar la jornada pensando en cómo encarar sus actividades cotidianas, su trabajo, sus planes familiares, sus momentos de recreación, etc. Revisan su agenda y mientras preparan su mate o café habituales, encienden el televisor o la radio para enterarse de las primeras noticias del día y antes de probar el primer sorbo de su mate, escuchan al locutor del noticiero que dice: “Fuerzas estadounidenses y de la República Popular China combinadas, están bloqueando los principales puertos nacionales y lanzan un ultimátum al gobierno argentino…”.

Creerían estar soñando, pero pronto comprenderían que todo ha cambiado durante las horas de la noche y se preguntarían ¿Por qué las dos mayores potencias del mundo actual invadirían su país?

Lo que parece el argumento de una novela distópica inspirada en El Eternauta, en realidad, ya sucedió en Argentina; pero por alguna razón los hechos se ignoran, se minimizan o se cuentan distorsionados. Sin embargo, durante una madrugada de un 20 noviembre del año 1845, asomaron por el Río de la Plata con la intensión de remontar el Paraná, veintidós barcos de guerra equipados con la tecnología militar más avanzada de la época con 418 cañones de largo alcance, más 800 soldados profesionales. Esta formación militar sólo era la avanzada de otra flota integrada por noventa y dos barcos mercantes custodiados militarmente por infantes de marina, que tenían la intensión de violar la Soberanía Nacional considerando al Río Paraná como una vía internacional libre de aduanas. La flota referida era una formación conjunta franco inglesa. Era connivencia de las dos mayores potencias del siglo XIX (Gran Bretaña y Francia) enemigas naturales entre sí, que se habían aliado para atacar y sojuzgar a la Confederación Argentina; por entonces representada en sus relaciones internacionales por el Brigadier Don Juan Manuel de Rosas.


Esquema de la Batalla

¿Cuál era el eje del conflicto? Que luego de la separación del Virreinato del Río de la Plata del Imperio Español y ante la imposibilidad de Inglaterra de conquistar el Río de la Plata por sí sola (había fracasado estrepitosamente en dos oportunidades durante los años 1806 y 1807); se asocia con Francia para tratar de imponer el libre comercio de sus mercaderías en la región; prometiendo a los franceses cederles un protectorado sobre el litoral argentino a cambio de poder circular por los ríos interiores como si fueran internacionales.

Quienes destituyeron al Virrey Cisneros luego de la revolución del 25 de mayo de 1810, habían decretado el libre comercio el 26 de mayo, lo que había sido celebrado con salvas de cañones por los barcos británicos apostados cerca del puerto de Buenos Aires. Pero esta medida pronto fue resistida por los representantes de las Provincias interiores iniciándose una puja entre quienes querían proteger las industrias locales incipientes y el estilo de vida del Virreinato y los contrabandistas del puerto que sólo querían comerciar productos ingleses.

Después de la Revolución de Mayo se inicia un período de enfrentamientos entre los partidarios de seguir perteneciendo al Imperio Español o al menos mantener la unidad de la América Española y quienes estaban a favor de la secesión y la división.

Declarada la independencia de las Provincias de Sudamérica en Tucumán el 9 de julio de 1816; sigue patente el enfrentamiento de quienes querían instaurar el libre comercio y propugnaban la balcanización de las Provincias (el bando Unitario) y los que protegían las industrias de la región y la unidad (el bando Federal).

¿Qué dice Wikipedia?


Juan Manuel De Rosas


Bloqueo Francés al Río de la Plata


Bloqueo Anglo Francés


Batalla de la Vuelta de Obligado


Batalla de Quebracho

A grandes rasgos, podemos decir que los unitarios predominaron bajo la influencia de diferentes gobernantes entre quienes se destacan Martín Rodríguez y Bernardino Rivadavia, en un período que abarca -con algunos altibajos-, desde 1810 hasta 1829 y que los federales prevalecieron bajo el gobierno de Don Juan Manuel de Rosas, quien como Gobernador de Buenos Aires, ejerció la representación exterior de la Confederación Argentina, entre 1829 y 1852. Es en este contexto, que Rosas dictó medidas proteccionistas como la Ley de Aduanas de 1835 y medidas soberanistas, imponiendo el servicio militar a los extranjeros que residían más de dos años en el país y defendió la tradición hispánica.

Cabe destacar que la política proteccionista que comienza a aplicar Don Juan Manuel de Rosas era esencialmente similar a la que propugnaron en el otro extremo del continente americano el Presidente George Washington y Alexander Hamilton, su Ministro de Hacienda.

En los nacientes Estados de la Unión, entonces enfrentados con la metrópolis británica, eran conscientes que necesitaban industrializar a su país si querían sobrevivir y desarrollarse; algo que Gran Bretaña boicoteó desde el inicio de la independencia norteamericana.

En ese país también existían partidarios del libre comercio, grandes hacendados sureños a quienes sólo les interesaba vender sus materias primas y lucrar con el contrabando; pero en Estados Unidos, estos hacendados fueron derrotados durante la guerra de secesión (1861-1865) a pesar de que el Reino Unido financió al bando sureño. Paralelamente en Argentina los unitarios derrotan en 1852 a Rosas en la Batalla de Caseros y para la época de la guerra de secesión Norteamericana, Argentina ya estaba institucionalizada con una Constitución liberal, formalmente federal pero, en los hechos, unitaria.

A la pregunta ¿Por qué razón los hechos de la Vuelta de Obligado se ignoran, se minimizan o se cuentan distorsionados? La razón más plausible es que, a la historia la cuentan los vencedores y quienes vencieron en Argentina, a la inversa de lo que sucedió en Estados Unidos; fueron los propulsores del libre comercio, del centralismo del puerto, de la división del Virreinato (las Provincias del Alto Perú se separaron, al igual que la Banda Oriental), del modelo agrario de grandes terratenientes que impidieron la industrialización, del endeudamiento y de la dependencia. El partido Unitario impuso su cosmovisión. A diferencia de los Estados Unidos que a partir de las pequeñas trece colonias iniciales se convirtieron en una nación bioceánica, industrial y continental; el Gran Imperio hispanoamericano no pudo impedir la fragmentación. La capitanía de Chile en lugar de integrarse, formó una pequeña nación; el Virreinato de Nueva Granada se dividió en varios débiles y pequeños estados y así cada porción de la América Española.

Dentro del descalabro de los Virreinatos españoles, hubo fuerzas centrífugas que intentaron impedir la división, la dependencia y la derrota

La Batalla de la Vuelta de Obligado es parte de esa gran historia y no la reducida versión que proponen los libros de la historiografía oficial del unicato liberal que gobernó Argentina después de Juan Manuel de Rosas. En este orden, suele decirse que esta batalla fue una derrota casi ridícula en la que intentaron detener a la flota más importante del mundo con meras cadenas, que la gigantesca flota enemiga extranjera igual pasó al Paraná; que fue una mera escaramuza o, directamente se ignoró el episodio; pues recién en el año 1974 por iniciativa del historiador revisionista José María Rosa (1906-1991) mediante la Ley N° 20.770, se estatuyó la fecha como Día de la Soberanía Nacional y recién en el año 2010 se transformó en feriado nacional mediante el Decreto 1584/10.

Para entender qué significó la defensa impulsada por Don Juan Manuel de Rosas, resulta necesario comprender la historia de la formación del Estado Argentino durante el siglo XIX; a la que podemos dividir en tres etapas:

La primera etapa, la resistencia hispanoamericana al invasor inglés: Ocurre durante el Virreinato del Río de la Plata cuando la flota inglesa intenta infructuosamente conquistar Buenos Aires en dos oportunidades, la primera en 1806 y la segunda en 1807. El héroe de la reconquista y de la defensa de Buenos Aires fue Santiago de Liniers (1753-1810) francés de nacimiento pero al servicio de la corona española, que lo honró por su lealtad como “Caballero de la Orden de San Juan y de Montesa”, y fue nombrado Virrey entre 1807 y 1809. La resistencia a los ingleses fue celebrada por todo el Imperio Español en América demostrando la conciencia de los españoles americanos de pertenecer a una misma nación varias veces secular. En esa época se crea el Regimiento de Patricios el 15 de septiembre de 1806, que tendrá el honor de defender la Soberanía Nacional al enfrentar nuevamente a los ingleses durante la recuperación de las Islas Malvinas en 1982.

La segunda etapa, la guerra de secesión del imperio español: La casa gobernante de España que sucedió a los Austrias en 1700, fueron los Borbones, franceses muy resistidos e impopulares tanto para los españoles peninsulares como para los españoles americanos. Sus políticas centralistas y liberales fueron ampliamente rechazadas en todo el imperio y la caída del “Rey Felón” (Fernando VII), llamado así por traidor a manos de Napoleón, fue celebrada por todos; aunque también significó el inicio de una guerra intestina en la América española, fomentada por los ingleses. Un año antes de la Revolución de Mayo, los decadentes borbones destituyeron a Santiago de Liniers y después de la Revolución de Mayo, la junta gobernante, por orden de Mariano Moreno (abogado que trabajaba para empresas inglesas) y Juan José Castelli (Comerciante vinculado a los contrabandistas porteños), fue fusilado en Córdoba por Domingo French, con un pelotón integrado por ingleses (cuyo ingreso habían permitido los revolucionarios), ya que ningún criollo quiso participar en tamaña afrenta. Los ingleses cobraron su cobarde venganza al defensor del Virreinato que los había vencido en dos oportunidades.

Con la revolución de mayo comienza también una guerra intestina que desnuda los intereses encontrados, los partidarios del puerto y del libre comercio y las provincias proteccionistas y tradicionalistas. En la histórica Batalla de Tucumán se enfrentaron dos ejércitos que llevaron las “Aspas de Borgoña” como insignia y comandados cada uno por dos amigos y colegas abogados que habían estudiado en Salamanca. Por el ejército realista Don Pío Tristán y por el Ejercito del Norte Don Manuel Belgrano. Esta guerra fraticida de secesión, derivará en la declaración de la independencia de las Provincias de Sudamérica en Tucumán, el 9 de julio de 1816 y terminará con la campaña de los andes comandada por José de San Martín que dura hasta 1817. La bandera Argentina toma los colores de la Inmaculada Concepción de María, fervor español luego adoptado por los Borbones; pero el objetivo de la balcanización de los virreinatos españoles impulsado por el Reino Unido estaba consumado.

Producida la separación de España de lo que era el Virreinato del Río de la Plata, la rivalidad se agudiza entre quienes desean conservar la unidad del territorio virreinal y quienes sólo se interesan por legalizar el contrabando. En este orden, y luego de un período de inestabilidad controlado por el Partido Unitario, asume Juan Manuel de Rosas la representación exterior de las Provincias y dicta leyes protectoras de su comercio interior y con ello comienza la tercera etapa en la formación de nuestra patria.

Tercera etapa, la segunda guerra de la independencia: La masiva invasión Franco Inglesa, fue la respuesta a las políticas protectoras y soberanistas de Don Juan Manuel de Rosas y la reacción patriota no se hizo esperar. La batalla de la Vuelta de Obligado es nada más que una primera etapa de esta segunda guerra y si bien este primer enfrentamiento puede ser considerado como una derrota táctica por parte de las fuerzas defensivas comandadas por Eduardo Brown (hijo del fundador de nuestra armada Guillermo Brown), Álvaro José de Alzogaray y Juan Bautista Thorme, el costo material del enemigo fue tan enorme que el propio almirante británico Samuel Ingleflield dijo cuando lograron finalmente atravesar el bloqueo de cadenas:

“Siento vivamente que este bizarro hecho de armas se haya logrado a costa de tal pérdida de vidas, pero considerada la fuerte oposición del enemigo y la obstinación con que fue defendida, debemos agradecer a la Divina Providencia que aquella no haya sido mayor.”

En definitiva, la victoria anglo-francesa resultó pírrica dadas las muchas dificultades a la navegación que imponía el sinuoso cauce del Paraná y la vulnerabilidad de la flota frente a la resistencia gaucha. Esto implicaba un enorme costo haciendo cuesta arriba la navegación con la oposición del gobierno de Rosas y los gauchos argentinos.

El segundo episodio tiene lugar 40 días después, el 16 de enero de 1846 en lo que se llamó la segunda Batalla de San Lorenzo donde el General Lucio Norberto Mansilla diezma la flota Anglo-francesa conforme lo consigna en su informe el comandante enemigo, el Almirante Samuel Inglefield; hasta que finalmente el 4 de junio de 1846 apenas siete meses después se produce la Batalla de Quebracho al norte de Rosario con la victoria definitiva sobre los invasores, que sufrieron el hundimiento de dos buques, el incendio de otros cuatro y el daño irreparable de dos modernos vapores blindados de guerra. Los héroes de esta batalla fueron el General Lucio Norberto Mansilla y el Coronel María Isidoro de Santa Colona.

Como consecuencia de la resistencia a los invasores, se firmó el tratado de Arana-Southern por el que las potencias enemigas reconocen la soberanía Argentina sobre los ríos interiores. ¿Quién calificó a estos episodios como la Segunda Guerra de la independencia”? Nada menos que el General Don José de San Martín en una carta dirigida a su amigo Tomás Guido:

“Ya sabía la acción de Obligado; ¡qué inequidad! De todos modos los interventores habrán visto por esta muestra que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca. A un tal proceder no nos queda otro partido que el de no mirar el porvenir y cumplir con el deber de hombres libres sea cual fuere la suerte que nos depare el destino, que en íntima convicción no sería un momento dudosa en nuestro favor si todos los argentinos se persuadiesen del deshonor que recaerá en nuestra patria si las naciones europeas triunfan en esta contienda que en mi opinión es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de la España.” José de San Martín (1778-1850)

Don José de San Martín, en su último y definitivo testamento, fechado en París el 23 de enero de 1844, dispone en su cláusula tercera que:

“El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud le será entregado al General de la República Argentina, Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido, al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataron de humillarla...”.

Así, Rosas lo recibió luego del 17 de agosto de 1850, fecha de fallecimiento del Libertador, mediante el envío que hace del arma Mariano Balcarce. Juan Manuel de Rosas conservó el arma como una reliquia: la depositó dentro de un cofre en cuya tapa hizo colocar una placa de bronce donde mandó grabar la famosa cláusula testamentaria.

Derrotado Rosas en la Batalla de Caseros y ya en el exilio, el sable lo acompañará a Southampton. El 17 de febrero de 1869, mientras Francisco Solano López se debate en las últimas como un jaguar que se niega a la derrota, Rosas escribe a José María Roxas y Patrón, designado albacea en su testamento:

Su excelencia el generalísimo, Capitán General don José de San Martín, me honró con la siguiente manda: La espada que me acompañó en toda la guerra de la Independencia, será entregada al general Rosas por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido los derechos de la patria. Y yo, Juan Manuel de Rosas a su ejemplo, dispongo que mi albacea entregue a su excelencia el señor Gran Mariscal Presidente de la República paraguaya y generalísimo de sus ejércitos, la espada diplomática y militar que me acompañó durante me fue posible sostener esos derechos, por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido y sigue sosteniendo los derechos de su Patria.

Bartolomé Mitre y sus secuaces, destruirán a la próspera nación del Paraguay en la guerra de la Triple Alianza (1864-1870) matando a toda una generación de hombres y niños en el genocidio más vergonzoso de la historia hispanoamericana; el mismo personaje que no vaciló en unirse a la flota brasileña junto a Domingo Faustino Sarmiento, en la Batalla de Tonelero para ingresar al país en buques enemigos y unirse a Urquiza en la lucha en contra de Don Juan Manuel de Rosas; pero ello ya forma parte de otra historia.

 

 

 

 

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