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Las Puertas Secretas del Vaticano

Representación de la Colina Vaticana en un tapiz de 1519
Representación de la Colina Vaticana en un tapiz de 1519

[Artemio Gris - SEPA] Existe consenso en asignar a la palabra Vaticano un origen etrusco. Los etruscos fueron predecesores de Roma y coexistieron con el mundo helénico, del cual adoptaron una variante de su alfabeto proveniente del norte de Macedonia. A pesar de ello la lengua etrusca es bastante diferente a la griega y todavía no pudo ser descifrada en su totalidad. Dado que este pueblo adoptó el alfabeto griego, pudo recuperarse en alguna medida la fonética de algunos de sus signos, pero todavía constituye un misterio el significado de gran parte de sus palabras.

No se sabe con exactitud en qué época, ni de qué lugar llegaron los etruscos al centro y norte de la península itálica (Toscana y Emilia Romana), para luego abarcar parte del sur de la misma. Los etruscos involucran su historia con la de Roma durante el período de la monarquía arcaica; tanto es así, que tres de los siete reyes de la primitiva Roma fueron etruscos (Tarquino el Antiguo, Servio Tulio y Tarquino el Soberbio).

Una de las siete colinas de Roma, que se conoce con el nombre de Colina Vaticana, habría sido el asentamiento de una desaparecida ciudad etrusca llamada Vaticum; nombre de cuyo origen se tejen varias conjeturas. La más prosaica relaciona esta palabra con el vocablo etrusco “vatika” que era una cepa de uva amarga típica de la región central.

El mismo vocablo sirvió para denominar a una hierba del pedemonte apenino, que los antiguos etruscos utilizaban para conseguir efectos alucinógenos en ceremonias religiosas paganas. Poco se sabe de esas ceremonias, salvo que se celebraban para entrar en contacto con las divinidades y averiguar el destino. Así, se especula que la palabra etrusca “vatika”, fue adoptada por el latín arcaico como “vatis”, que significa visión profética, “vaticinor” que significa predecir y “vatis” que se usa en latín con el sentido de poeta, maestro u oráculo. Esta palabra llegó al español como vate: poeta y adivino. Coincidiendo con esta tesis, la palabra latina “Vaticanus” es relacionada también con “vaticiniis ferendis” que alude a los oráculos o “vaticinia” que significa vaticinio o predicción.

Algunos estudiosos estiman que los etruscos pudieron haber emigrado desde la península de Anatolia e incluso de regiones cercanas a la antigua Sumeria. Esta hipótesis se basa en ciertas similitudes que sus tradiciones religiosas y mortuorias, tenían con las costumbres de los pueblos de estas regiones. También es factible encontrar una lejana influencia egipcia. Por ejemplo, los etruscos no enterraban a los muertos dentro de los muros de sus ciudades, sino en tumbas construidas en campos especiales. Al parecer creían en algún tipo de vida después de la muerte, lo que se deduce de los ritos que destinaban a los cadáveres para prepararlos para su tránsito a la otra vida; lo que es muy similar a la cultura egipcia.

Wikipedia

Etruscos
Etruscos

Ciudad del Vaticano
Ciudad del Vaticano

Colina Vaticana
Colina Vaticana

Eugenio Pacelli
Eugenio Pacelli

Tratados de Letrán
Tratados de Letrán

En la falda de la Colina Vaticana que desciende al Río Tíber, quedan los restos de un cementerio etrusco. Según antiguas tradiciones, cuyos orígenes se pierden en el tiempo, este cementerio está localizado cerca del acceso a un reino subterráneo ubicado en las entrañas de la colina; en el que regía Charúm, el señor del inframundo, quien era asistido por una figura femenina demoníaca llamada “Vanth”, el demonio etrusco de la muerte.

La misión de Vanth era acercarse a las tumbas después que depositaban al muerto para despertar a su espíritu del último sueño y guiarlo hacia el reino oscuro. Vanth era representada como una bella mujer alada, una especie de entidad angelical caída, en cuyos brazos se enroscaba una serpiente que tenía dos cabezas en sus extremos. En las inmediaciones de este cementerio los etruscos habían construido un panteón en honor a la Diosa Vatika que vigilaba la entrada del cementerio para evitar que los demonios del inframundo invadieran la tierra.

Con al expulsión del último Rey etrusco que gobernaba Roma, la Colina de Vatika quedó abandonada y, durante la época de la incipiente República Romana, la zona se transformó en un sitio malsano habitado por indigentes y refugio de malvivientes. Estaba polucionado por olores nauseabundos e infectados por pestes mortales, que de tanto en tanto asolaban a Roma.

Ya durante el Imperio, esta zona se utilizó para que los aurigas de la caballería romana se entrenen conduciendo carros de guerra para participar en competencias que los emperadores organizaban para distracción del “populus”. Finalmente fue el emperador Calígula quien comenzó a construir en este lugar un circo, que fue edificio público destinado a espectáculos. Para ello hizo traer un enorme obelisco de la mítica ciudad egipcia de Heliópolis colocándolo en el centro de la pista en la que se correrían las carreras de caballos y cuadrigas. Finalmente Calígula fue asesinado y, tiempo después, fue Nerón quien terminó el edificio al que se conoce como “Circus de Nerón” y también como “Circus Vaticanus”.

Dibujo del circo de Nerón (Pietro Santi Bartoli, 1699).
Dibujo del circo de Nerón (Pietro Santi Bartoli, 1699).

La lúgubre historia de esta colina es abonada por la persecución de los cristianos que el mismo emperador Nerón llevó a cabo. El destino le tenía deparado el oscuro honor de haber sido quien ordenó la crucifixión al Apóstol Pedro; quien luego de haber sido torturado y crucificado boca abajo, fue enterrado muy cerca del Circus Vaticanus, en lo que fuera el viejo cementerio etrusco.

Dibujo de la antigua basílica de San Pedro
Dibujo de la antigua basílica de San Pedro, tal como se cree que lucía alrededor del año 1450. El Obelisco Vaticano se halla a la izquierda, aún en pie, en el sitio donde fue erigido por orden Calígula el año 37.

Con el tiempo, el imperio Romano adoptó el cristianismo como religión oficial. Constantino el Grande ordenó construir sobre la tumba de San Pedro la basílica que lleva su nombre, aunque también se conoció en su época como Basílica Constantiniana. En la imagen superior puede identificarse al costado de la basílica el obelisco egipcio traído por Calígula de la ciudad egipcia de Heliópolis; que indica el lugar exacto alrededor del cual se habían construido las pistas y tribunas del circo en el que fue crucificado San Pedro. Más de mil años después, el Papa Julio II, en el siglo XVI, demolió el edificio y construyó la actual basílica, emplazando al antiguo obelisco a su posición actual en el centro de la Plaza de San Pietro.

Durante la demolición de la iglesia original se encontraron cientos de tumbas pertenecientes a santos y papas que Julio II no tuvo problemas en remover para ubicarlos en el nuevo templo; las excavaciones más profundas siguieron hasta encontrar los huesos del primer apóstol, pero debajo de la piedra sobre la que se asentaba la tumba de Pedro; encontraron la entrada a un laberinto de catacumbas llenas de huesos humanos, probablemente pertenecientes al cementerio etrusco. El Papa era conocido como “el guerrero” por su intensa actividad política y militar, que lo llevaba a supervisar todas las actividades de la iglesia. Y en esa tarea estaba cuando inspeccionó las excavaciones, siendo el primero en ingresar por la entrada de esas catacumbas. Tres días tardó en regresar y cuando lo hizo, ordenó detener los trabajos y sellar esa entrada, localizada justo por debajo de la tumba de Pedro. Desde esa fecha se prohibió terminantemente su ingreso.

Abadía de Montecasino
Abadía de Montecasino bombardeada por los aliados

Cuenta una leyenda popular que la tumba de Pedro, haciendo honor al nombre simbólico que le dio Jesús a su primer apóstol y que significa Piedra; es la piedra que obtura la salida de los demonios vaticanos ancestrales.

Durante la segunda guerra mundial se libraba la cruenta batalla de Montecasino a 130 kilómetros de Roma, entre las tropas alemanas y aliadas. El lugar fue la sede de la primera abadía fundada por Benito de Murcia en el año 524, edificada sobre la llamada Colina Latina. Los alemanes tenían posiciones cercanas a las pendientes sobre la que se levantaban los muros de la abadía. Enterados del pronto ataque de la aviación norteamericana, lo soldados alemanes comenzaron a intentar salvaguardar los códices y manuscritos invaluables que custodiaba el monasterio y comenzaron a trasladarlos hacia el vaticano. El primer ataque de los aviones norteamericanos B17, B 25 y B 26 perpetrado el 17 de enero de 1944 destruyó parcialmente la abadía pero los alemanes resistieron tres ataques posteriores hasta el 18 de mayo del mismo año. Muchos manuscritos y documentos históricos fueron preservados gracias a esta resistencia.

Abadía de Montecasino bombardeada por los aliados
Abadía de Montecasino bombardeada por los aliados

Eugenio Pacelli, que ejercía el papado bajo el nombre de Pío XII, sabía que el próximo objetivo militar era el mismo Estado Vaticano, acusado de complicidad con las fuerzas del eje, amén de constituir un Estado surgido a partir de un tratado impulsado por Benito Mussolini. Pacelli pidió una reunión secreta con los enviados de Estados Unidos y de la Unión Soviética a la que éstos accedieron. Se fijó fecha para una cena privada en la residencia papal de Castel Gandolfo, la que se hizo con la mayor discreción. Al finalizar la reunión, Pío XII invitó a sus comensales a conocer la Tumba de Pedro, invitación a la que accedieron. El Papa y sus dos invitados ingresaron con la única custodia de un guardia suizo, que quedó apostado en la entrada.

A partir de allí todas son conjeturas; lo único cierto es que los invitados salieron pálidos con el rostro demudado de espanto y presurosos abandonaron Roma rumbo a sus países con una propuesta concreta para sus gobiernos. Algunos especulan que Pío XII les mostró las catacumbas inferiores a la Tumba de Pedro y los amenazó con liberar lo que allí, muy pocas personas en la historia, pudieron ver. Lo cierto es que el Estado Vaticano quedó intacto y la Italia de Mussolini, potencia aliada del eje y derrotada en la segunda guerra mundial, no fue motivo de preocupación en la Conferencia de Yalta (febrero de 1945); como sí lo fue Alemania, dividida entre las dos superpotencias emergentes de la guerra, más Inglaterra y Francia. El Tratado de Letrán de 1929 firmado por la cúpula eclesiástica y Mussolini quedó consolidado; al igual que este pequeño estado eclesial, asentado en la antigua colina vaticana sobre un cementero etrusco, donde la leyenda dice que se encuentran las puertas del infierno.
[Artemio Gris es un nombre de pluma]

 

 

 

 

 

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