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El Libro de los Condenados

[Charles Hoy Fort] “Por condenados, entiendo a los excluidos. Asistiremos a una procesión de todos los fenómenos que la Ciencia ha desechado. Despertarán de su letargo batallones de malditos entre descoloridos datos exhumados de tumbas ignoradas. Unos son lívidos, otros inflamados y algunos podridos. Entre ellos habrá cadáveres, momias o esqueletos crujientes y vacilantes, animados por todos aquellos que fueron condenados vivos. Deambularán gigantes hundidos en su sueño. Andrajosos y teoremas discurrirán como Euclides bordeando el espíritu de la anarquía. Veremos a putas y payasos entre gente respetable y asesinos. Horribles pestilencias y supersticiones desencadenadas, sombras y burlas, caprichos y gentilezas.

Lo necio, lo pedante, lo raro, lo grotesco, lo sincero, lo hipócrita, lo profundo y lo pueril arrostrarán la puñalada junto a la risa y a las manos suplicantes de la decencia. La apariencia colectiva se situará entre la dignidad y la intemperancia, el grito de guerra adquirirá el tono de la letanía desafiante, pero el espíritu del conjunto será procesional.

El poder que ha decretado la condena de los excluidos es la Ciencia Dogmática. Sin embargo, la procesión avanzará. Las putas brincarán, los enanos y los jorobados distraerán la atención y los payasos romperán con sus bufonadas el ritmo del conjunto. Aún así, el desfile tendrá la sorprendente estabilidad de las cosas que pasan y que siguen pasando y que no dejan de pasar.

Por condenados, entiendo a los excluidos. Pero por excluidos entiendo también a todos los que algún día, a su vez excluirán. Ya que, el estado común y absurdamente denominado existencia es un ciclo de infiernos y de paraísos. Los condenados no seguirán siendo condenados, puesto que la salvación precede a la perdición y nuestros andrajosos malditos serán algún día los ángeles melifluos que, mucho más tarde aún, regresarán al mismo lugar de donde han venido.

Nada puede intentar existir, si no es a costa de excluir a algo de la existencia. Lo que comúnmente se considera existente, resulta una mera diferencia entre lo que está incluido y lo que está excluido. No hay diferencias positivas, todas las cosas son como un insecto y un ratón en el interior de un queso. Nada parece más distinto que estos dos seres, sin embrago con el tiempo no serán más que transmutaciones del queso. Todos somos como insectos y ratones, diferentes expresiones de un gran queso universal.

Wikipedia


Charles Hoy Fort
Charles Hoy Fort

El Libro de los Condenados
El Libro de los Condenados

Sir Arthur Evans
Sir Arthur Evans

El rojo no es positivamente distinto del amarillo, sino apenas un grado de una vibración de la cual el propio amarillo es otro grado y ambos son continuos que se funden en naranja. Si la Ciencia; sobre la base de la cualidad de rojo debiera clasificar los fenómenos incluyendo las cosas rojas como verdaderas y excluyendo las amarillas como ilusorias; tal demarcación sería falsa y arbitraria, ya que los objetos naranja al constituir una continuidad, pertenecerían a los dos lados de la frontera propuesta. La Ciencia, ha incluido y excluido multitud de datos, ignorando el continuo existente entre lo que excluye e incluye, descartando las cosas de color anaranjado que constituyen una prolongación tanto del color rojo que acepta existente como del amarillo que ignora.

De esta forma se tipifican los test, los estándares o medios de formar opiniones. Toda opinión posible sobre un tema cualquiera, es una ilusión basada sobre este sofisma de las diferencias positivas. La búsqueda de todo entendimiento tiene por objeto un hecho, una base, una generalización, una ley, una fórmula, una premisa mayor positiva, pero lo único que se hizo ha sido desprenderse de evidencias sin obtener resultados y aun así la Ciencia actúa, ordena, condena, como si hubiera obtenido un resultado.

(…) Los metafísicos, los teólogos y los biólogos han intentado definir la vida. Han fracasado porque no hay nada que definir, no hay un solo fenómeno de la vida que no se manifieste a cualquier grado que sea, en la química, el magnetismo o los desplazamientos astronómicos. Como islas de coral blanco en un mar azul oscuro. Su apariencia de distinción, su apariencia de individualidad o la diferencia positiva que las separa, no son más que las proyecciones del mismo fondo oceánico. La diferencia entre tierra y mar no es positiva. En toda agua hay un poco de tierra, en toda tierra hay agua. De modo que todas las apariencias son falsas, puesto que forman parte de un mismo espectro. La pata de una mesa no tiene nada de positivo, no es más que una proyección de algo.

Y nadie de nosotros es una persona, puesto que físicamente somos un continuo con lo que nos rodea, puesto que psíquicamente no llega hasta nosotros nada más que la expresión de nuestras relaciones con todo lo que nos rodea.

Mi posición es la siguiente: todas las cosas que parecen poseer identidad individual no son más que islas, proyecciones de un continente submarino, careciendo de contornos reales. Pero, pese a que no sean más que proyecciones, tienden a liberarse de esta atracción que les deniega su propia identidad. Todo lo que intenta establecerse como real o positivo, sistema absoluto, gobierno, organización, persona, entidad, individualidad, no puede llegar a ello más que rodeándose de una frontera, condenando y excluyendo mediante la huida todas las demás ‘cosas’, sin lo cual no puede gozar más que de una apariencia de existencia.

Pero, si se actúa así, se actúa falsa y arbitrariamente, fútil y desastrosamente, como el que intente trazar un círculo en el mar, incluyendo algunas olas y declarando positivamente diferentes a todas las demás olas apostando su vida en la diferencia positiva de los hechos admitidos y los hechos condenados. La ciencia moderna ha excluido falsamente porque no existen estándares positivos. Ha excluido fenómenos que, según sus propios pseudo-estándares, tenían tanto derecho a la existencia como los elegidos (…).”

Charles Hoy Fort (1874-1932)

Charles Hoy Fort (1874-1932): Fue un periodista, escritor e investigador estadounidense, dedicado al estudio de fenómenos anómalos no aceptados por la ciencia de su época. Considerado un iconoclasta que reaccionó en contra del conservadurismo de la ciencia oficial que se manifestaba en cierto exclusionismo que segregaba de manera arbitraria todos los hechos que no se acomodaban a las premisas aceptadas. El propio físico británico Sir Arthur Evans (1851-1941) había criticado a los científicos ortodoxos comparando sus métodos con la red de un pescador y preguntándose si todo aquello que la red no capturaba por filtrarse por los intersticios de la misma, acaso no tenía derecho a la existencia científica.

Su libro más conocido es “El libro de los condenados” cuyo objetivo fue relatar aquellos acontecimientos que, por salirse de lo “normal” y resultar incómodos, eran condenados a permanecer en la oscuridad. Admirado y denostado con igual ímpetu por su contemporáneos, se destacan entre los primeros divulgadores como Martin Gardner, periodistas Ben Hecht, Arch Ober y escritores como Jacques Bergiere y Louis Powel. Howard Philips Lovecraft lo consideraba uno de sus maestros.

 

 

 

 

 

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