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La Incógnita del Hombre

Caricatura de Alexis Carrel
Caricatura de Alexis Carrel a quién se le adjudicaba que mantenía artificialmente en su laboratorio un tejido de pollo vivo. By Laura Clerc et Maxence Colleau - Hospices civils de Lyon, CC BY-SA 4.0.

[Alexis Carrel] Hay una desigualdad extraña entre las ciencias de la materia inerte y la de los seres vivientes. La astronomía, la mecánica y la física tienen, en su base, conceptos susceptibles de expresarse de manera concisa y elegante en lenguaje matemático. Han dado al universo las líneas armoniosas de la Grecia antigua. Lo envuelven todo en la brillante redecilla de sus cálculos y de su hipótesis. Pero siguen la realidad más allá de las formas habituales del pensamiento hasta las más inexpresables abstracciones hechas únicamente con ecuaciones de símbolos.

No ocurre otro tanto con las ciencias biológicas. Aquellos que estudian los fenómenos de la vida se sienten como perdidos en una selva inextricable, como en medio de un mágico bosque cuyos innumerables árboles cambiaran sin cesar de sitio y de forma. Se sienten literalmente aplastados bajo un conjunto de hechos que logran describir pero que no son capaces de definir por medio de fórmulas algebraicas. De las cosas que se encuentran en el mundo material, ya sean átomos o estrellas, nubes o rocas, agua o acero, se han podido abstraer ciertas cualidades tales como el peso y las dimensiones espaciales. Son estas abstracciones, y no los hechos concretos, los que constituyen la materia del razonamiento científico. La observación de los objetos no constituye sino la forma inferior de la ciencia, la forma descriptiva, aquella que establece la clasificación de los fenómenos. Pero las relaciones constantes entre las cantidades variables, es decir las leyes naturales, aparecen únicamente cuando la ciencia se torna más abstracta.

La física y la química han logrado un éxito tan grande como rápido porque son abstractas y cuantitativas. Aunque no pretendan darnos noticia sobre la naturaleza de las cosas, nos permiten predecir los fenómenos y reproducirlos cuando así lo deseamos. Revelándonos el misterio de la constitución de las propiedades de la materia, nos han dado el dominio de casi todo lo que se encuentra en la superficie de la tierra, con excepción de nosotros mismos.

La ciencia de los seres vivientes en general, y del individuo humano en particular, no ha progresado bastante. Se encuentra en estado descriptivo. El hombre es un todo indivisible de una extrema complejidad. Es imposible lograr de él una concepción simple. No existen métodos capaces de asirlo a la vez en su conjunto, sus partes y sus relaciones con el mundo exterior. Su estudio debe ser abordado por técnicas variadas porque se utilizan varias ciencias distintas. Cada una de estas ciencias conduce naturalmente a una concepción diferente de su objeto. Cada una no abstrae de él sino lo que la naturaleza de su técnica le permite alcanzar. Y la suma de todas estas abstracciones es menos rica que el hecho concreto.

Queda un residuo demasiado importante para dejarlo de lado. Porque la anatomía, la química, la fisiología, la psicología, la pedagogía, la historia, la sociología, la economía política y todas sus ramas no agotan el tema. El hombre que conocen los especialistas no es pues el hombre concreto, el hombre real. No es más que un esquema compuesto con esquemas construidos por las técnicas de cada ciencia. Es, a la vez, el cadáver disecado por los anatomistas, la conciencia que observan los psicólogos y los amos de la vida espiritual, y la personalidad que la introspección revela en cada uno de nosotros.

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Alexis Carrel
Alexis Carrel

Cráter lunar Carrel
Cráter lunar Carrel

República de Vichy
República de Vichy

Estas sustancias químicas que componen nuestros tejidos y los humores del cuerpo, es el prodigioso conjunto de células y líquidos nutritivos cuya asociación estudian los fisiólogos. Es el conjunto de órganos y de conciencia que se extiende en el tiempo y que los higienistas y educadores procuran dirigir hacia su desarrollo óptimo. Es el Homo economicus que debe consumir sin cesar a fin de que puedan funcionar las máquinas de las cuales es esclavo. Es también el poeta, el héroe, el santo. Es, no solamente el ser prodigiosamente complejo que los sabios analizan por medio de sus técnicas especiales, sino también la suma de las tendencias, de las suposiciones y de los deseos de la humanidad.

Las concepciones que tenemos de él están impregnadas de metafísica. Se componen de tantas y tan imprecisas indicaciones que es grande la tentación, cuando elegimos, de tomar aquellas que más nos placen. Así, pues, nuestra idea del hombre varía según nuestros sentimientos y nuestras creencias. Un materialista y un espiritualista aceptan la misma definición de un cristal de cloruro de sodio, pero no se entienden sobre el ser humano. Un fisiólogo mecanicista y un fisiólogo vitalista no consideran el organismo de la misma manera. El ser viviente de Jacques Loeb difiere profundamente del de Hans Driesch. Ciertamente la humanidad ha hecho un gigantesco esfuerzo por conocerse a si misma. Aunque poseemos el tesoro de las observaciones acumuladas por los sabios, los filósofos, los poetas y los místicos, no hemos comprendido sino aspectos o fragmentos del hombre. Y todavía estos fragmentos son creados por nuestros métodos. Cada uno de nosotros no es más que una procesión de fantasmas en medio de la cual marcha la realidad incognoscible.

En efecto, nuestra ignorancia es enorme. La mayor parte de las preguntas que se hacen a aquellos que estudian a los seres humanos permanecen sin respuesta. Regiones inmensas de nuestro mundo interior son aún desconocidas. ¿Cómo se agencian las moléculas de las sustancias químicas para formar los órganos complejos y transitorios de las células? ¿Cómo determinan los genes contenidos en el huevo fecundado los caracteres del individuo que deriva de este huevo? ¿Cómo se organizan las células por si mismas en esas sociedades que son los tejidos y los órganos? Se diría que, a ejemplo de las hormigas y las abejas, conocen de antemano el papel que deben representar en la vida de la comunidad. Pero ignoramos los mecanismos que les permiten construir un organismo complejo y simple. ¿Cuál es la naturaleza de la duración del ser humano, del tiempo psicológico y del tiempo fisiológico? Sabemos que somos un compuesto de tejidos, de órganos, de líquidos y de conciencia. Pero las relaciones de la conciencia con las células cerebrales, constituyen todavía un misterio. Ignoramos aún la fisiología de estas últimas. ¿En qué medida puede el organismo ser cambiado a voluntad? ¿Cómo obra el estado de los órganos sobre el espíritu? ¿De qué manera los caracteres orgánicos y mentales que cada individuo recibe de sus padres se modifican por el modo de vida, las sustancias químicas de los alimentos, el clima y las disciplinas fisiológicas y morales?

Estamos lejos de conocer las relaciones que existen entre el desarrollo del esqueleto, de los músculos y de los órganos, las actividades mentales y espirituales. Ignoramos absolutamente lo que determina el equilibrio del sistema nervioso y la resistencia a las fatigas y a las enfermedades. Ignoramos también la manera de aumentar el sentido moral, el juicio, la audacia. ¿Cuál es la importancia relativa de las actividades intelectual, moral, estética y mística? ¿Cuál es la significación del sentido estético y religioso? ¿Cuál es la forma de energía responsable por las comunicaciones telepáticas?

Existen seguramente ciertos factores fisiológicos y mentales que determinan la felicidad o la desdicha de cada cual. Pero son desconocidos. No sabemos aún qué medio es el más favorable para el óptimo desarrollo del hombre civilizado. ¿Es posible suprimir la lucha, el esfuerzo y el sufrimiento en nuestra formación fisiológica y espiritual? ¿Cómo impedir la degeneración de los individuos en la civilización moderna? Gran número de otras preguntas podrían hacerse sobre los objetivos que más nos interesan. Pero permanecerían sin respuesta igualmente. Es evidente que el esfuerzo cumplido por todas las ciencias que tienen por objeto al hombre, es insuficiente, y que el conocimiento de nosotros mismos es aún demasiado incompleto. (Alexis Carrel)

¿Quién fue Alexis Carrel?

Alexis Carrel

Alexis Carrel nació el 28 de junio de 1873 en Sainte-Foy-lès-Lyon, Francia. Huérfano de padre a los 4 años, su madre, Anne Ricard, fue la que se encargó de educarlo durante los primeros años. Después estudió en la Escuela jesuítica de San José, en Lyon. En la Universidad de Lyon obtuvo el grado de bachiller en letras en 1889 y el de ciencias en 1890. Entre 1896 y 1900 fue interno. Obtuvo el grado de doctor en 1900. Trabajó en el Hospital de la ciudad mientras estudiaba anatomía y cirugía operatoria. Ocupó el puesto de prosector en la cátedra del profesor Testut (1900-1902). Dedicado a la cirugía, comenzó a desarrollar trabajos experimentales con cadáveres y perros. Cuando el presidente Sadi Carnot visitaba Lyon fue herido por un anarquista italiano. Falleció porque los cirujanos fueron incapaces de suturar la vena que había sido afectada. El hecho influyó en Carrel que estudió el tema publicando en el Lyon Médical una técnica para suturar vasos. Perfeccionó su técnica hasta el punto de poder afirmar que daba resultados excelentes a largo plazo y podía ser usada con toda seguridad en los humanos, siguiendo un determinado protocolo. Utilizaba suturas muy finas y sedas de Alsacia.

El desarrollo de su trabajo científico le posibilitó viajar por Canadá y luego Estados Unidos y finalmente ganó el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1912. Pionero en avances médicos vinculados a los transplantes e injertos; sus aportaciones para comprender el fenómeno de la regeneración, el crecimiento, la nutrición y el funcionamiento de las secreciones internas fueron decisivos para avances posteriores de la medicina. En este sentido fue un fiel seguidor de los presupuestos de Claude Bernard. Una de las intenciones de Carrel era la de sustituir tejidos u órganos enfermos por otros sanos. Esto le llevó a trabajar intensamente en la fisiología de los órganos.

Carrel fue miembro de numerosas sociedades de Estados Unidos, España, Rusia, Suecia, Países Bajos, Bélgica, Francia, Ciudad de Vaticano, Alemania, Italia y Grecia, y doctor honoris causa por las universidades de Belfast, Princeton, California, Nueva York , Brown y Columbia. Fue distinguido con la legión d'Honneur de Francia y la de la orden Leopold de Bélgica, entre otras. Quince años antes del nacimiento de Alexis Carrel, el 11 de febrero de 1858, y durante seis meses, una adolescente muy pobre llamada Bernadette Soubirous testimonió haber recibido las revelaciones de la Virgen María en la advocación de la Inmaculada Concepción en la pequeña gruta de Masse-Vieille (hoy llamada Massabielle), en las afueras de Lourdes (Francia). La posterior muerte de Bernadette el 16 de abril de 1879 y su canonización el 8 de diciembre de 1933, ambos hechos ocurridos en vida de Carrel, junto con signos extraordinarios que se sucedieron allí, hicieron de Lourdes uno de los destinos principales de peregrinación católica en el mundo. La curación de Marie Bailly en Lourdes fue acreditada por el propio Alexis Carrel, luego de su activa participación con la paciente, y que llevaron a poner en crisis su escepticismo científico.

En los últimos años de su vida se dedicó también a la reflexión filosófica escribiendo La Prière (1944), un volumen editado tras su muerte Réflexions sur la conduite de la vie (1950) y la colección de textos íntimos Tour après tour (1956). En 1935 publicó en sus versiones, francesa e inglesa el libro L'homme cet inconnu, que se reeditó varias veces. En el mundo hispanoparlante se lo conoce como “La Incógnita del Hombre” y se publicó en 1936 con prólogo de Gustavo Pittaluga. Para algunos, en este libro defiende la eugenesia y se lo vinculó a las políticas implementadas por los nazis en Alemania.

Esta vinculación de Carrel con los nazis se originó cuando, una vez jubilado, regresó a Francia en 1939 y al poco tiempo fue ocupada por Alemania creándose un gobierno colaboracionista con sede en Vichy. Bajo este gobierno, Carrel dirigió la Fundación Francesa para el estudio de los problemas humanos, instituto desde el cual se propagaron ideas sobre la eugenesia. Tras la expulsión de los alemanes, en 1944 fue cesado. Regresó a Paris donde murió el 5 de noviembre de ese año a consecuencia de un infarto, por lo que no se levantó acusación alguna en su contra.

Sin embargos, estos episodios controvertidos, no impidieron su reivindicación póstuma; por parte de Suecia, que editó una estampilla en su homenaje (1972), de los Estados Unidos que en 1979 bautizó un cráter de luna con su nombre y en ese mismo país, cuando la Universidad de Carolina de Sur (Charleston) instituyera el Premio “Lindbergh-Carrell” en homenaje al aviador Charles Lindbergh y Alexis Carrel, que hicieron investigaciones conjuntas.

 

 

 

 

 

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