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Octubre 2021
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La Catacumba Nueva

Arthur Conan Doyle

[Arthur Conan Doyle] -Querido Burger -dijo Kennedy- quisiera que confiara en mí.-

Los dos célebres especialistas en antigüedades romanas se encontraban sentados en la confortable habitación de Kennedy, que miraba al Corso[1]. La noche era fría, y ambos habían acercado sus sillas a la defectuosa estufa italiana que creaba a su alrededor una atmósfera más bien sofocante que cálida. Afuera, bajo las brillantes estrellas del cielo invernal, se extendía la Roma moderna, con su larga hilera doble de lámparas eléctricas, los cafés brillantemente iluminados, los veloces carruajes y una densa multitud desfilando por las veredas. Pero dentro, en la suntuosa habitación del rico y joven arqueólogo inglés, solo se percibía a la Roma antigua. Frisos rajados y gastados por el tiempo colgaban de las paredes, antiguos bustos grises de senadores y soldados con sus cabezas de luchadores y sus rostros duros y crueles, asomaban desde los rincones. Sobre la mesa central, entre un montón de inscripciones, fragmentos y adornos, se alzaba la famosa reconstrucción de las Termas de Caracalla[2] que Kennedy había realizado, y que tanto interés y admiración había despertado al ser expuesta en Berlín. Del techo pendían ánforas y sobre la lujosa alfombra turca roja se veían diversas rarezas desparramadas. Y entre todas ellas no había una sola que careciera de la más impecable autenticidad, además de su insuperable singularidad y valor; porque Kennedy, a pesar de tener poco más de treinta años, gozaba de gran reputación en Europa en esta rama especial de la investigación, y disponía además de una gran fortuna que, o bien puede resultar un obstáculo fatal para la energía de un estudioso o, si su determinación es fiel a sus propósitos, le proporciona una gran ventaja en la carrera hacia la fama. El capricho y el placer habían seducido y apartado frecuentemente a Kennedy de sus estudios, pero su mente era incisiva y capaz de largos y concentrados esfuerzos, que culminaban en agudos estados de desfalleciente indolencia. Su hermoso rostro de frente alta y clara, su nariz agresiva y la forma de su boca, algo indolente y sensual, conformaban un perfecto conjunto que equilibraba fuerza y debilidad.

De un tipo muy distinto de hombre era su acompañante, Julius Burger. Llevaba en sus venas una curiosa mezcla de sangre: un padre alemán y una madre italiana que le heredaron el vigor propio del norte y el suave encanto característico del sur. Unos ojos azules teutónicos iluminaban su rostro moreno bronceado y, por encima de ellos, se elevaba una frente cuadrada, maciza, con un friso de espesos rulos rubios que la enmarcaban. Su fuerte y firme mentón lucía completamente rasurado, y su compañero comentaba con frecuencia lo mucho que se parecía a los antiguos bustos romanos que espiaban desde las sombras en los rincones de su habitación. Bajo su arrogancia alemana se esbozaba al mismo tiempo un dejo de sutileza mediterránea, pero su sonrisa era tan honesta y los ojos tan francos, que todos comprendían que era solo una marca de sus ancestros que no se reflejaba realmente sobre su carácter. En edad y reputación se encontraba al mismo nivel que su compañero inglés, pero su vida y su trabajo habían sido mucho más difíciles. Doce años atrás había llegado a Roma como estudiante pobre, y había sobrevivido desde entonces de pequeñas becas que la Universidad de Bonn le otorgaba para sus estudios. Lenta, dolorosamente y con extraordinaria tenacidad, guiado por una sola idea, había escalado peldaño a peldaño la escalera de la fama, llegando a ser miembro de la Academia de Berlín, y había razones para creer que pronto sería promovido a la cátedra de la más importante de las universidades alemanas. Sin embargo, la concentración de sus propósitos, que lo había elevado al mismo nivel que el rico y brillante investigador inglés, también lo había colocado infinitamente por debajo de él en todo lo que excediera el ámbito del trabajo. Burger nunca dispuso de un descanso en sus estudios para dedicarse a la vida social. Únicamente cuando hablaba de su especialidad su rostro se llenaba de vida y expresión. El resto del tiempo permanecía silencioso y avergonzado, demasiado consciente de sus propias limitaciones en otros temas, impaciente durante las conversaciones banales, que son el refugio convencional para aquellos que carecen de ideas.


[1] El narrador se refiere a la vía del Corso, una gran calle comercial que sale de la piazza del Popolo, al norte de la parte antigua de Roma, para alcanzar la plaza de España.

[2] Termas de Caracalla: amplio complejo de baños de la Roma Imperial. Fueron construidas en la ciudad de Roma entre 212 y 216 d.C. Actualmente, las extensas ruinas de estas termas son una atracción turística importante

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"La Catacumba Nueva"

 

La Enigmática Vida de Arthur Conan Doyle

[SEPA] Arthur Ignatius Conan Doyle (1859-1930), fue un escritor escocés nacido en Edimburgo. Su padre fue Charles Altamont Doyle y su madre una irlandesa llamada Mary Foley. Fue conocido principalmente por haber escrito las novelas del detective Sherlock Holmes. Pertenecía a una familia católica en la que había numerosos caricaturistas e ilustradores; como su abuelo John Doyle, su tío el ilustrador Richard Doyle (quien diseñó la portada de la revista Punch). Otros miembros de fu familia fueron el anticuario James Doyle y el Director de la Galería Nacional de Irlanda Henry E. Doyle.


Revista satírica que diseñó Richard Doyle

Su padre, que fue también ilustrador y estudió arquitectura, ilustró la primera edición de Estudio en Escarlata el primero de los libros de la serie de Sherlock Holmes. Sin embargo, cayó en desgracia por su afición al alcoholismo y Arthur tuvo que ser ayudado por sus tíos que costearon su educación.


Ilustración de Charles Doyle, padre de Arthur Conan Doyle

Arthur estudió en el Colegio ingresó en la Escuela Stonyhurst Saint Mary's Hall de la Compañía de Jesús ubicada en la comarca de Lancashire, centro preparatorio del selecto establecimiento jesuítico Stonyhurst College para finalmente terminar su educación en otro colegio jesuítico ubicado en Austria llamado Stella Matutina de la ciudad de Feldkirch. Finalmente estudió medicina en la Universidad de Edimburgo y posteriormente se doctoró con una tesis sobre el Tabes Dorsal (degeneración lenta de las neuronas sensoriales).

Como estudiante conoció al médico forense Joseph Bell, profesor que con su método analítico inspiró a su personaje Sherlock Holmes. Instalado en Londres, según él mismo cuenta, nadie concurría a su consultorio; por lo que empezó a escribir las historias que lo harían célebre, protagonizadas por un detective obsesivo y cuanto menos autista según los parámetros de hoy. Sin embargo, a Conan Doyke nunca le gustó que su personaje fagocitara la fama de sus otras obras; por lo que decisión matar a su personaje. Así se lo comentó a su madre quien opinó que a la gente no le gustaría ese final. Finalmente perpetró su asesinato en El problema final y tal como lo había anticipado su madre, el público británico reaccionó mal a la muerte del detective e inundó a Doyle con cartas que iban de las súplicas a las amenazas pasando por los insultos y en las que se pedía que resucitara a Holmes. Tras diez años de resistirse, Doyle cedió y en la historia titulada La casa vacía, hacía reaparecer a Holmes (antes ya había publicado con enorme éxito su famosa novela El sabueso de los Baskerville, también protagonizada por Holmes, pero se había cuidado mucho de fecharla antes de la supuesta "muerte" del detective).

¿Qué dice Wikipedia?


Arthur Conan Doyle


Bertram Fletcher Robinson


El Sabueso de los Baskerville


Jack El Destripador

La vida de Doyle está signada de intrigas que serían propias de su personaje; pues casi un siglo después Rodger Garrick Steele acusó a Conan Doyle de haber plagiado la obra El sabueso de los Baskervillea su amigo, el escritor y periodista Bertam Fletcher Robinson (1870-1907), fallecido prematuramente a los 36 años. En 2011, el escritor, Paul Spiring, encontró documentos que demostraban un pago de Doyle a Robinson de más de quinientas libras por la idea de El sabueso…”. Previamente, Doyle ya le habría pagado a Robinson cincuenta libras por la idea argumental de la novela El constructor de Norwood”.

Pero Rodger Garrick Steele redobló su apuesta y acusó a Conan Doyle de haber sido amante de la esposa de Bertam Fletcher Robinson, y de haber conspirado con ella para envenenarlo con la idea de hacer creer que la muerte de Fletcher había ocurrido por causas naturales. Garrick-Steele declaró a la BBC que Conan Doyle envenenó a su antiguo amigo con láudano. Y afirma que fue en esta etapa cuando Sir Arthur Conan Doyle se dio cuenta de que debía matar a su antiguo amigo en lugar de permitir que se descubriera su plagio. Conan Doyle se encontraba en una situación difícil, pues había sido recompensado de la forma más pública posible por un acto de plagio, al ser nombrado Caballero de la Reina. El precio del descubrimiento por ese fraude sería una enorme vergüenza y si también se descubría su romance con la esposa de su amigo, habría significado su ruina. Doyle era un hombre inteligente y decidido, vio la solución obvia y utilizó su formación de médico para convencer a la esposa de Fletcher Robinson de que lo asesinara, resolviendo así dos problemas a la vez.

Quedará en el misterio este enigma y tal vez explique la difícil relación que tuvo el escritor con su personaje a quién mató en la ficción para finamente revivirlo. Doyle escribió que sus 56 relatos y cuatro novelas sobre Sherlock Holmes opacaron el resto de su obra: “Entre veinte y treinta obras de ficción, libros de historia sobre dos guerras, varios títulos de ciencia paranormal, tres de viajes, uno sobre literatura, varias obras de teatro, dos libros de criminología, dos panfletos políticos, tres poemarios, un libro sobre la infancia y una autobiografía…”

Arthur Conan Doyle no descansa en paz y en 2015, se hicieron nuevas acusaciones en su contra, cuando el perito calígrafo y grafólogo español Jesús Delgado Lorenzo lo postuló como candidato de haber sido Jack el Destripador en el libro de su autoría tituladoInforme policial: La verdadera identidad de Jack el Destripador”.

La muerte de uno de sus hijos, Arthur Alleyne Kingsley Doyle, por una neumonía que contrajo en la guerra, le hizo estrechar su vínculo con los círculos del Espiritismo fundado por Allan Kardec, doctrina a la que dedicó mucho tiempo y energías, publicando además en 1926 History of spiritualism y defendiéndolo en sus numerosas polémicas, por ejemplo, contra su propio amigo Harry Houdini. También creyó y defendió la veracidad del famoso caso de Las Hadas de Cottingley cuando unas niñas afirmaron tomar fotos de Hadas, aunque una de ellas admitió de grande, que las fotos mostraban en realidad recortes que habían sacado de sus libros de cuentos. La vida de Arthur Conan Doyle fue tan enigmática como cualquiera de sus historias, falleció el 7 de julio de 1930, con 71 años de edad. Los grupos espiritistas a los que perteneció intentan todavía invocarlo; pero por el momento no han obtenido respuesta.

 

 

 

 

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