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El Secreto de Abraham Lincoln

[Artemio Gris] La historia es la narración del pasado humano y como tal, se sustenta en aquellos testimonios escritos que dan cuenta de lo ocurrido desde los albores de nuestra civilización hasta el presente. Los sucesos anteriores al primer registro histórico son aprehendidos por las ciencias de la naturaleza que, sustentadas en la teoría de la evolución, dan cuenta de la aparición de los primeros seres vivos unicelulares, pasando por toda clase de invertebrados, animales del agua, los rústicos dinosaurios hasta llegar a la fauna actual. El hombre, que también surgió de aquel caldo vital, fue evolucionando junto a los otros integrantes del reino desde su arcaico antecesor acuático, pasando por primates y homínidos hasta que pudo desarrollar su cerebro actual y escribir su propia historia, que comenzó -según registros oficiales-, en la lejana Sumeria hace aproximadamente 5.000 años. Al menos eso es lo que nos han enseñado.

La influencia de la orgullosa ciencia decimonónica impuso en su época la idea que la humanidad, desde su origen cultural registrado por las primeras escrituras, marcha de manera evolutiva y permanente hacia el progreso. Esta visión inspiró a los cultores de la disciplina histórica para describir el devenir de los tiempos como un trayecto ascendente, aún con sus parciales marchas y contramarchas, pero siempre hacia una civilización más elevada. Antes de Sumer, no había civilización y a partir de entonces, el humano inició su marcha ascendente cuyo final apenas podemos especular. Éste es el dogma moderno con sus sacerdotes y sus jerarquías y con sus templos laicos en los cuales se celebran los ritos de la modernidad.

Sin embargo, como sucedía antes en el lejano medioevo, surgieron algunas herejías contra el naciente culto secular, combatidas a su vez por otras inquisiciones. Esta es una breve crónica de una de aquellas apostasías, surgida en pleno siglo XIX, tiempo en el que la ciencia comenzó a institucionalizarse y a solidificarse. Tiempo en que el que unos pocos comenzaron a retacear el conocimiento para la mayoría. Que no engañe la proliferación y la comercialización del conocimiento técnico que sólo es la manifestación visible de algo mucho más profundo, oculto y reservado para pocos.

La historia que nos ocupa se origina en los Estados Unidos a finales del siglo XVIII cuando un general de la Corona Británica llamado George Washington se encontraba a cargo de la construcción del Fuerte Loudoun cuya finalidad era muy peculiar: defender a los pobladores de los frecuentes ataques de indios gigantes. Se consigna en los informes de campaña que, al cavar la tierra para colocar los cimientos, los constructores encontraron muchos esqueletos humanoides gigantes con alturas que superaban largamente los dos metros y medio. Ello causó pánico a la expedición que temía encontrarse con un ejército de tales características. Quien firmaba esos reportes era precisamente, aquel general, quien llegaría a ser el primer presidente de los Estados Unidos en 1789.

Leyendas populares daban cuenta de ataques a las caravanas por parte de malones de indios enormes que corriendo desaforadamente con hachas gigantes las rodeaban destrozando los carros y degollando colonos; lo que fue negado por las autoridades para no desalentar la incipiente ocupación del territorio. Piedras desproporcionadamente grandes con forma triangular y afilada se encontraron en los campos de Tennessee; pero fueron catalogadas como formaciones naturales producto de la erosión.

Sin embargo esta mención circunstancial de aquel informe rutinario de campo; será confirmada posteriormente por otro de los grandes personajes de la historia estadounidense; Abraham Lincoln, quien luego de una visita a las cataratas del Niágara y siendo congresista declaró: Cuando Colón llegó al continente; cuando Cristo sufrió en la cruz; cuando Moisés llevó a Israel a través del Sinaí, cuando Adán nació de la mano del Creador, como entonces, el Niágara ya rugía aquí.Los ojos de la especie extinta de los gigantes, cuyos huesos descansan en los montículos de América, han apreciado el Niágara, como nosotros lo hacemos ahora”.

Cualquier lector desprevenido podrá especular que estas afirmaciones eran congruentes con las creencias religiosas de los cristianos bautistas cuyas interpretaciones de las escrituras eran literarias, ya que tanto Thomas como Nancy Lincoln, sus padres, pertenecían a la Iglesia bautista de Little Mount, situado cerca de Elizabethtown en el estado de Kentucky. Su vida secreta o desconocida, fue tanto o más interesante que su vida política, pues está llena de misterios no resueltos. ¿Por qué mencionó a “…los ojos de la especie extinta de los gigantes?

¿Qué dice Wikipedia?


Abraham Lincoln


Guerra de Secesión


Gigantes

El secreto acompañó siempre la vida de Abraham Lincoln y uno de tantos está vinculado con la creación oficial del Servicio Secreto de los Estados Unidos. Sin embargo, Lincoln habría formado a esta organización mucho antes de su creación oficial; pues sabía que su vida correría peligro, aunque no por las razones que todos presuponen: su relación con la guerra de secesión y la derrota del sur confederado. Lincoln habría llevado a cabo otra guerra de la que nadie o casi nadie tienen conocimiento.

Conocedor de los informes de campaña de George Washington sobre el Fuerte Loundon en Tennessee y siendo todavía muy joven, participó de una expedición en la región en 1841, orientada a la búsqueda de algún rastro de aquellos episodios registrados en los informes de Washington. La campaña resultó infructuosa al principio, pero en las cercanías de la ciudad de Franklin fueron exhumados en mayo de ese año varios huesos humanos intactos, algunos de dimensiones extraordinarias, que implicaban una probable altura de casi tres metros. Lo llamativo de los mismos es que no parecían ser fósiles sino haber pertenecido a una raza de hombres grandes que habrían desaparecido apenas unas décadas antes. Sin embargo, bien se conoció la noticia, un grupo de hombres armados que afirmaron ser delegados de una organización -que estaba en ciernes- se contactaron con los integrantes de la expedición para llevarse los hallazgos e iniciar una investigación sobre su origen, entre ellos un inquieto joven llamado Joseph Henry quien sería designado 5 años después como el primer secretario del Smithsonian Institute.

Los presuntos investigadores incautaron lo que parecían ser dos largos troncos humanos cubiertos por un tablón de madera y con la mayoría de los huesos intactos. La mandíbula inferior grande y no encajaba sobre la de un hombre común y tenía restos disecados de carne. Los fémures tenían una longitud que superaba entre 20 y 30 centímetros a la de cualquier hombre promedio.

En las excavaciones más profundas encontraron un hueco que se internaba varios metros por debajo de la superficie original del suelo. Los huesos en este foso eran gigantescos y estaban en posición de sentados contra el muro de la cavidad, con las piernas apuntando hacia el centro en una suerte de fantasmagórica ronda de gigantes monstruosos con algunos cráneos desencajados que colgaban sobre los hombros apenas prendidos por lonjas de cuero; mientras otros yacían en los regazos de aquellos cadáveres con los huecos orbitales mirando hacia arriba.

El joven Lincoln nunca olvidaría esa escena ni la presta intervención de aquellos hombres que, invocando una borrosa autoridad, tomó el control de la expedición para después desaparecer sin dejar rastros de ellos ni de los hallazgos; aunque sí ordenaron a todos los participantes no hablar del tema ni iniciar nuevas búsquedas. Al año siguiente Lincoln se casaría con Mary Tood conformando un matrimonio que no será feliz. Por esa época Lincoln iniciaría una carrera política llena de altibajos que lo llevaría a la Presidencia de su país; siendo su mandato, uno de los más relevantes de toda la historia estadounidense.

Antes de ser político, Lincoln fue un abogado de prestigio. Primero elegido congresista por el partido Whig de los Estados Unidos, y antes de ser Presidente tuvo una fallida nominación a la vicepresidencia. Gran parte de sus esfuerzos los dedicó a sus investigaciones privadas sobre diferentes misterios, entre ellos el misterio de los gigantes, llegando a contratar a muchas personas de diferentes profesiones para que lo asistan en esta tarea; a pesar de la advertencia recibida durante sus años como expedicionario -aunque se ignora qué resultados obtuvo de sus investigaciones posteriores-; pues ocultó todo hallazgo en diferentes almacenes ubicados en la ciudad de Washington. Para organizar al grupo de investigadores, se había inspirado en los extraños visitantes del campamento de 1841; proveyéndoles de armas y buscando personas entrenadas en su uso.

El Otro Abraham Lincoln

Suele creerse que Abraham Lincoln ha sido un humanista defensor de los derechos de los pueblos y que luchaba por la libertad de los hombres; sin embargo su relación con la abolición de la esclavitud fue más política y pragmática que asumida como una postura de convicción personal. De hecho, estuvo dispuesto a mantener la institución de la esclavitud si es que el sur deponía sus pretensiones de quebrar el proteccionismo que el norte necesitaba para crecer industrialmente. Como ello no sucedió, la guerra estalló más por razones económicas que por razones humanitarias. El sur necesitaba la mano de obra esclava para sostener su economía algodonera y una economía abierta que le permitiera comprar a Inglaterra -pagando con algodón-, todo lo que no podía fabricar y el norte necesitaba industrializarse y crecer parea no depender más del yugo inglés que le impedía desarrollarse; razón por la cual eran proteccionistas y sabían que si las manufacturas ingresaban por el sur, la economía colapsaría y la independencia recién lograda sería más formal que real.

Más allá del marketing que de los personajes históricos suele hacerse; lo concreto es que Lincoln no sólo no fue un humanista sino que combatió con saña a los pueblos no blancos de América del Norte; tal como lo demuestra su decidida participación en una campaña estadounidense por el exterminio de los pueblos indios. Lincoln organizó en enero de 1864 la llamada Larga caminata al Bosque Redondo del pueblo navajo, cuyo traslado fue organizado desde su tierra de origen (Arizona), hasta un paraje ubicado al este de Nuevo Méjico conocido como Bosque Redondo. Fueron obligados a caminar en condiciones inhumanas más de quinientos kilómetros sin alimento y sin agua. Miles de navajos murieron antes de llegar a su destino.

El almacén de Lincoln: habiendo sido reelegido y bajo la fachada de organizar la logística de la guerra, Lincoln dispuso la construcción de diversos almacenes para organizar de manera prolija la distribución de pertrechos de guerra entre las tropas del norte. Sin embargo, uno de ellos contenía unas cajas más grandes que lo usual que contenían material recopilado de enormes túmulos distribuidos por todo el país, que estaban siendo sistemáticamente destruidos por los colonos. Los túmulos son sitios ceremoniales y religiosos, que se asemejan a pequeñas colinas aplanadas y se encuentran dispersos a lo largo de América del Norte, desde el sur en Tennessee, al norte en Wisconsin, oeste de Oklahoma, y hacia el este en Virginia Occidental. Pudo deducirse que aquellas construcciones no pertenecían a ningún pueblo originario conocido, sino que se remontaban a la prehistoria, anteriores a los nativos americanos y, por los restos encontrados, podía inferirse que habían llegado a ser contemporáneos de los primeros colonos. El almacén que custodiaba los hallazgos de Lincoln fue incendiado al momento en que el presidente recibía una amenaza. Amenaza que se concretaría en poco tiempo.

¿Cuál fue la causa de su asesinato? Un tal John Wilkes Booth, actor de comedia, bajo el grito ¡Sic semper tyrannis! Que en latín significa: Así con los tiranos siempre; asesinó de un balazo al Presidente Lincoln un 14 de abril de 1865. Se supone que la causa del atentado fue la guerra contra los Estados Confederados del Sur. El asesino de Abraham Lincoln fue masón y el Presidente Lincoln al parecer también lo fue, aunque no hay registros de su aceptación, sí lo hay de su pedido de ingreso y de su no disimulada simpatía por la logia, a la que no quiso exponer como Presidente pues todavía quedaban recuerdos del partido antimasónico que se había disuelto hacía un poco más de 20 años. La historia oficial dice que John Wikes Booth fue asesinado un 16 de abril de 1865.

Sin embargo en 1907, un abogado Texano llamado Finis Bates publicó un libro en el que explica la teoría de que el asesino de Lincoln no fue muerto como dicen las crónicas de la época, sino que sobrevivió por varios años hasta 1903 bajo el nombre falso de John St. Helen. Uninforme realizado en 1931 al cadáver de St. Helen confirmaría que se trataría de John Wilkies Booth. ¿Habrá sido su asesinato un acto ejecutor de una condena masónica? Existen declaraciones juradas de soldados que vieron el cadáver y testimoniaron que la persona a la que habían matado en la granja no era Booth, sino David Boyle, que era buscado por matar a un capitán en Maryland. Lincoln habría sido ajusticiado el mismo día en el que creó formalmente el servicio para protegerse, aunque no se sabe a ciencia cierta de qué o de quién.

 

 

 

 

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